martes, 30 de agosto de 2011

El corazón de Antígona

“Creonte, acostado en el lecho de Edipo, descansa sobre la dura almohada de la razón de Estado. Algunos descontentos, dispersos por las calles, borrachos de justicia, tropiezan con la noche y se revuelcan al pie de los hitos. Bruscamente, en el silencio estúpido de la ciudad que duerme su crimen como una borrachera, se precisa un latido que proviene de debajo de la tierra, crece, se impone al insomnio de Creonte, se convierte en su pesadilla. Creonte se
levanta, y palpando a ciegas encuentra la puerta de los subterráneos, cuya existencia sólo él conoce; descubre las huellas de su hijo mayor en el barro del subsuelo.

Una vaga fosforescencia que emana de Antígona le permite reconocer a Hemon, colgado del cuello de la inmensa suicida, impulsado por la oscilación de aquel péndulo que parece medir la amplitud de la muerte. Atados uno a otro como para pesar más, su lento vaivén los va hundiendo cada vez más en la tumba y ese peso palpitante vuelve a poner en movimiento toda la maquinaria de los astros. El ruido revelador traspasa los adoquines, las losas de mármol, las paredes de barro endurecido, llena el aire reseco de una pulsación de arterias. Los adivinos se tienden en el suelo, pegan a él el oído, auscultan como médicos el pecho de la tierra sumida en su letargo. El tiempo reanuda su curso al compás del reloj de Dios. El péndulo del mundo es el corazón de Antígona”.

[Fuegos, Marguerite Yourcenar]

Este blog ha visto la publicación de toda una serie de artículos al respecto de la trágica saga tebana, iniciada con el crimen de Layo que marcó ácidamente el destino de Edipo, triste padre de Antígona. Tres generaciones y tres tragedias que forman parte de una misma. Fiel a la idea del Mundo Clásico como fuente de inspiración para artistas de todos los tiempos, deseo presentar hoy un fragmento de Marguerite Yourcenar. Esta autora, que vivió algunos de los años más convulsos del siglo XX, conquistó la fama con su novela Memorias de Adriano, a día de hoy considerada una imprescindible de la narrativa histórica no sólo por la referencia a unos hechos concretos, sino por su valor literario e incluso lírico.

Yourcenar escribió un gran número de relatos breves a lo largo de su vida. Me centro hoy en Fuegos, una obra fruto de una época tormentosa en la vida de la escritora. En este libro de relatos, Yourcenar muestra claramente su pasión por el mundo antiguo y, lo que es más interesante, lo reinterpreta a su gusto, creando su propia mitología a partir de éste. Así, por sus páginas desfilan y se convierten en símbolos personajes del mundo de la leyenda o integrados en la realidad, como lo son Antígona, Safo o Patroclo. Yourcenar combina el contexto del mundo antiguo -una ambientación exquisita- con referentes modernos -de circos a hoteles-, consiguiendo así un espacio narrativo que está más allá del tiempo, que pertenece a éste y al mismo tiempo juega en sus lindes. Personajes eternos y temas igualmente eternos tratados de manera magistral son dos de los puntos fuertes de Fuegos. Se trata de un libro personalísimo, donde las vivencias y reflexiones de la autora, atormentada por su infructuosa atracción hacia su editor, se transparentan en la narración.


El fragmento que inaugura esta entrada pertenece a su Antígona o la elección y es una invitación que quiero marcar como obvia a asomarse a esta magnífica obra.

2 comentarios:

Luis Inclán dijo...

M@riel: me parece un estupendo post para reemprender el camino por el mundo clásico. ¡Ánimo! Te seguiré leyendo.

M@riel dijo...

Hola, Luis:
Muchas gracias por tu comentario; la verdad es que es uno de mis mitos clásicos favoritos, junto a una autora realmente interesante.
¡Nos leemos!