viernes, 18 de diciembre de 2009

El destino de Tebas es cosa de dos

Ante todo, una disculpa por el retraso en publicar, pero de nuevo me hallo aquí, dispuesta a concluir con esta entrada la trágica historia de Edipo, progenitores y descendientes, antes de iniciar los artículos acerca de los referentes culturales vinculados con este mismo mito. El último momento al que hice referencia, les recuerdo, fue aquel en el que un Edipo cegado deja el trono y la acción comienza a girar en torno a sus hijos.

Son estos cuatro hijos los protagonistas de una nueva y no menos dramática tragedia. Polinices, Eteocles, Ismene y Antígona serán objeto de la maldición de Pélope transmitida a través de las generaciones. Al hilo de esto, sería interesante recordar que son muchas las culturas en las que aparece esta maldición que abarca a varias generaciones, normalmente un número determinado. Dentro de textos bíblicos y de mitos relacionados con el mundo de la religión judía, además de muchas otras culturas orientales, aparece de recurrente modo.

Sin sucesor claro, los dos hijos varones, Polinices y Eteocles, deciden que, como buenos hermanos que son y como hombres justos que también suponen ser, podrán llevar a la perfección un gobierno compartido o, al menos, equitativo. De este modo, y con la mejor de las voluntades, deciden que cada uno de los dos gobernará durante un año, momento en el cual deberá ceder el trono a su hermano.

Un Eteocles ansioso de ostentar poder y comportarse de manera justa inicia así su reinado, que lleva con rectitud y sin que pueda existir reproche. Sin embargo, transcurridos los doce meses, cuando Polinices le reclama el trono que en efecto le pertenecerá a él durante un año, Eteocles se aferra a su cargo y se niega a cumplir con lo pactado anteriormente. Y, dejando de lado toda buena voluntad o sentido de la virtud, se inicia una fraticida guerra entre amos hermanos, que aparecerá de forma bastante detallada en varias tragedias griegas sumamente interesantes, como se verá más adelante.


Esta guerra, como muchos otros conflictos de la historia real o mítica, no tiene un vencedor claro, sino que ambos combatientes pierden la batalla y la vida. De esta forma, se cumple el mítico destino que alude a la existencia de tragedia y desolación en las generaciones posteriores; ni siquiera los hijos de Edipo pueden escapar al destino de los dioses, al igual que tampoco pudo su padre ni fueron capaces de ello sus abuelos.

En este punto de la historia aparece otro personaje relevante, el de Antígona. Ésta, hermana de Polinices, Eteocles e Ismene, cobra protagonismo a causa de su reacción frente a la prohibición dictaminada por Creonte de sepultar con las debidas honras fúnebres a Polinices, ya que, al haber atacado la ciudad enfrentándose a su hermano y traicionado los intereses de ésta, se considera un traidor convicto de este terrible crimen. Cabe destacar que el hecho de no ser enterrado es algo muy grave para los griegos, al igual que para los romanos; recordemos ese fragmento de la Eneida en el que Eneas se encuentra cara a cara con las almas que no pueden en siglos subir a la barca de Caronte por proceder de cadáveres insepultos.

La valiente Antígona, anteponiendo sentido del deber y virtudes familiares al miedo al castigo, entierra el cuerpo de Polinices y realiza los debidos ritos fúnebres, razón por la que es condenada a ser enterrada viva. Termina ahorcándose para evitarlo, en la culminación de una tragedia digna de ser escrita por grandes dramaturgos. Y, de hecho, lo fue. Hablaremos de Antígona como obra teatral más adelante.

Para terminar, y para que no digan ustedes que siempre incluyo referencias a textos clásicos o libros académicos, les dejo el trailer de un musical que ha estado recorriendo ciudades españolas y que puede ser interesante desde el punto de vista didáctico. Uno de los productos teatrales más adecuados para todos los públicos que he visto en torno a este tema, realmente gusta a gente de todas las edades y con todos los grados de saber; he visto a niños de diez y once años disfrutar la obra y comprender ésta perfectamente. Distintas lecturas y tonos, trasfondos diferenciados y un carácter de musical para toda la familia que pocas obras de este carácter poseen. Ya saben... no se entristezcan por el infausto destino de esta dinastía tebana, porque al menos en el mundo de los sueños y el teatro, Antígona tiene un plan.


(I) La imagen se corresponde con un cuadro de Tiepolo que muestra el enfrentamiento entre Eteocles y Polinices.