martes, 7 de julio de 2009

Narciso

El mito de Narciso es, sin duda, uno de los más conocidos de la mitología grecolatina, al menos de una manera superficial. Se trata de un personaje representativo que ha trascendido su propia leyenda, convirtiéndose en un símbolo y dando nombre a la patología del narcisismo, o excesiva estima y amor hacia uno mismo.

Narciso era un joven excepcionalmente hermoso y, aunque era cortejado por numerosos hombres y mujeres, se alejaba de todo contacto humano, rechazando a sus galantes pretendientes. Tal actitud acabó por desencadenar la cólera divina. En una versión del mito, Narciso responde a los regalos de uno de sus enloquecidos adoradores con una espada, sin poder prever que, ante su despecho, este hombre acabaría matándose con ella. En otra versión es el rechazo hacia la ninfa Eco, que respondía con las mismas palabras a sus afirmaciones cuando Narciso vagaba solo por el bosque en el que había vivido (versión ampliamente extendida por Ovidio).

Sea como fuere, el castigo para el soberbio Narciso fue tan cruel como ingenioso, ya que el joven acabó enamorándose de su propio reflejo en una laguna. Lo que sigue es ampliamente conocido: el bello muchachito languideció contemplándose, olvidando comer y beber, casi sin dormir, embelesado por su reflejo. Finalmente acabó muriendo y en el lugar de su muerte nació la flor llamada Narciso.

Ovidio (¡con qué frecuencia cito en este blog a Ovidio) describió de este modo la muerte del joven, en un pasaje que siempre me ha gustado y emocionado; pueden encontrarlo en este enlace.