miércoles, 17 de junio de 2009

Le Roman de Troie

Si hay algo que me encanta del mundo clásico, es el modo en el que su legado ha pervivido en siglos posteriores, llegando incluso hasta nuestros días. La mitología es un excelente ejemplo de ello, omnipresente en distintas artes, desde la pintura y la escultura hasta algunas películas relativamente modernas (el tema de las influencias de la mitología clásica en el cine da para tratado y tesis).

Uno de los rasgos de esta influencia más interesantes esta reinterepretación de mitos que se hizo en la Edad Media y la composición de nuevos textos acerca de leyendas ya existentes, en especial sobre la caída de Troya (tema ya esencial en la historia de la literatura) o de la fundación de Roma. Es el caso del largo poema narrativo al que me refiero hoy, Le Roman de Troie, que fue escrito por el francés Benoît de Saint-Maure, redactado nada más y nada menos que en siglo XII, es decir, tras el fin de la Época Clásica y mucho antes del Renacimiento.


Este caso es fascinante también porque no se basa sólo en la fuente homérica (a la que, de hecho, tampoco presta una excesiva atención), sino a otras de origen oriental, con lo que la visión de la leyenda es muy distinta. Es muy necesario prestar atención a esto, pues Le Roman de Troie influenció notablemente a otros autores posteriores de gran renombre (Bocaccio o Shakespeare), cuando podríamos pensar en la sola existencia de una influencia homérica. Esta es buena ocasión para recordar la importancia de ser conscientes de que en mitología no sólo existe una versión de cada leyenda, sino que a menudo, dependiendo de épocas, zonas geográficas y modos de pensar, pueden surgir distintos relatos que marquen representaciones artísticas e interpretaciones posteriores.

(I) Paris y Helena en un célebe cuadro de Jacques Louis David.