viernes, 18 de diciembre de 2009

El destino de Tebas es cosa de dos

Ante todo, una disculpa por el retraso en publicar, pero de nuevo me hallo aquí, dispuesta a concluir con esta entrada la trágica historia de Edipo, progenitores y descendientes, antes de iniciar los artículos acerca de los referentes culturales vinculados con este mismo mito. El último momento al que hice referencia, les recuerdo, fue aquel en el que un Edipo cegado deja el trono y la acción comienza a girar en torno a sus hijos.

Son estos cuatro hijos los protagonistas de una nueva y no menos dramática tragedia. Polinices, Eteocles, Ismene y Antígona serán objeto de la maldición de Pélope transmitida a través de las generaciones. Al hilo de esto, sería interesante recordar que son muchas las culturas en las que aparece esta maldición que abarca a varias generaciones, normalmente un número determinado. Dentro de textos bíblicos y de mitos relacionados con el mundo de la religión judía, además de muchas otras culturas orientales, aparece de recurrente modo.

Sin sucesor claro, los dos hijos varones, Polinices y Eteocles, deciden que, como buenos hermanos que son y como hombres justos que también suponen ser, podrán llevar a la perfección un gobierno compartido o, al menos, equitativo. De este modo, y con la mejor de las voluntades, deciden que cada uno de los dos gobernará durante un año, momento en el cual deberá ceder el trono a su hermano.

Un Eteocles ansioso de ostentar poder y comportarse de manera justa inicia así su reinado, que lleva con rectitud y sin que pueda existir reproche. Sin embargo, transcurridos los doce meses, cuando Polinices le reclama el trono que en efecto le pertenecerá a él durante un año, Eteocles se aferra a su cargo y se niega a cumplir con lo pactado anteriormente. Y, dejando de lado toda buena voluntad o sentido de la virtud, se inicia una fraticida guerra entre amos hermanos, que aparecerá de forma bastante detallada en varias tragedias griegas sumamente interesantes, como se verá más adelante.


Esta guerra, como muchos otros conflictos de la historia real o mítica, no tiene un vencedor claro, sino que ambos combatientes pierden la batalla y la vida. De esta forma, se cumple el mítico destino que alude a la existencia de tragedia y desolación en las generaciones posteriores; ni siquiera los hijos de Edipo pueden escapar al destino de los dioses, al igual que tampoco pudo su padre ni fueron capaces de ello sus abuelos.

En este punto de la historia aparece otro personaje relevante, el de Antígona. Ésta, hermana de Polinices, Eteocles e Ismene, cobra protagonismo a causa de su reacción frente a la prohibición dictaminada por Creonte de sepultar con las debidas honras fúnebres a Polinices, ya que, al haber atacado la ciudad enfrentándose a su hermano y traicionado los intereses de ésta, se considera un traidor convicto de este terrible crimen. Cabe destacar que el hecho de no ser enterrado es algo muy grave para los griegos, al igual que para los romanos; recordemos ese fragmento de la Eneida en el que Eneas se encuentra cara a cara con las almas que no pueden en siglos subir a la barca de Caronte por proceder de cadáveres insepultos.

La valiente Antígona, anteponiendo sentido del deber y virtudes familiares al miedo al castigo, entierra el cuerpo de Polinices y realiza los debidos ritos fúnebres, razón por la que es condenada a ser enterrada viva. Termina ahorcándose para evitarlo, en la culminación de una tragedia digna de ser escrita por grandes dramaturgos. Y, de hecho, lo fue. Hablaremos de Antígona como obra teatral más adelante.

Para terminar, y para que no digan ustedes que siempre incluyo referencias a textos clásicos o libros académicos, les dejo el trailer de un musical que ha estado recorriendo ciudades españolas y que puede ser interesante desde el punto de vista didáctico. Uno de los productos teatrales más adecuados para todos los públicos que he visto en torno a este tema, realmente gusta a gente de todas las edades y con todos los grados de saber; he visto a niños de diez y once años disfrutar la obra y comprender ésta perfectamente. Distintas lecturas y tonos, trasfondos diferenciados y un carácter de musical para toda la familia que pocas obras de este carácter poseen. Ya saben... no se entristezcan por el infausto destino de esta dinastía tebana, porque al menos en el mundo de los sueños y el teatro, Antígona tiene un plan.


(I) La imagen se corresponde con un cuadro de Tiepolo que muestra el enfrentamiento entre Eteocles y Polinices.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Edipo. Un destino señalado

Continúo con este post la narración del mito de Edipo. A modo de pequeño recordatorio, en la entrada anterior pueden encontrar tanto información acerca de los antecesores de este personaje como de su nacimiento, exposición y recogida, además de adopción por parte del rey de una ciudad, Corinto. Y en este punto se inicia el segundo artículo de esta colección de entradas acerca de tan interesante personaje.

Edipo tuvo, de esta forma, una feliz infancia en la corte del rey, creyendo firmemente que era descendiente de éste y no sospechando de ningún modo acerca de su origen. Sin embargo, sus compañeros de juegos, una vez se hicieron un tanto más mayores, empezaron a extender rumores acerca de que el muchacho y el monarca realmente no estaban emparentados, lo que hizo dudar a Edipo de su origen y emprender un viaje hacia el oráculo de Delfos (nótese que el padre de Edipo, Layo, también había tratado de despejar sus dudas en el oráculo de este dios). Éste le profetizó algo semejante a lo dicho a Layo, horrorizando a Edipo. Si su destino era acabar con la vida de su padre y yacer con su madre, realmente no parecía prudente regresar con estos. Y, de esa manera, Edipo decidió abandonar el que había sido su hogar desde que tenía memoria.

El joven príncipe -realmente príncipe destronado en esos instantes- se dirigió solo por los caminos hacia la ciudad de Tebas, en una pirueta que viene a confirmar la importancia del destino en una leyenda como ésta. En una encrucijada, se topó con un hombre mayor que él, con el cual se enzarzó en una terrible discusión. La cuestión degeneró hasta el punto de que un enfurecido Edipo atacó al otro viajero, acabando con su vida y prosiguiendo el camino de forma discreta, relegando ese hecho a un plano secundario. Lo que Edipo no sabía ni podía saber era que acababa de matar a su verdadero padre y, por tanto, cumplido la primera parte de la profecía.

Aproximándose ya a la entrada de Tebas, el héroe -o antihéroe, según se le mire- comeitó la que sería quizá una de sus famosas hazañas. En el post anterior mencionaba ya a la esfinge, bestia mitológica enviada por Hera, Hades, Ares o incluso Apolo, sobre ello no hay claro acuerdo. De un modo u otro, el mentado ser tenía aterrorizados a los tebanos, ya que bloqueaba la entrada a la ciudad -pensemos en las consecuencias, por ejemplo, para el comercio- atacando a todo viajero que se cruzase. Nadie que se hubiera encontrado con ella continuaba vivo.

La razón de semejante eficacia asesina de la esfinge no radicaba en que ésta matase irracionalmente a cualquier individuo que pretendiese entrar o salir en Tebas, sino al planteamiento por su parte de un acertijo a los viajeros. En caso de acertarlo, la esfinge se comprometía a no devorarlos, mas, en el de equivocarse, era muy rotunda en cuanto al destino que estos hombres tendrían. Nadie había sido capaz de desentrañar los acertijos de la esfinge, que se escapaban incluso a los hombres más sabios.


Edipo, como cualquiera pueda ya imaginarse, se enfrentó en este singular duelo intelectual a la terrible bestia, que le planteó una cuestión hoy ya inmortalizada y presente en la cultura popular: De entre todos los seres vivos, ¿cuál es aquel que con las luces del alba camina a cuatro patas, al mediodía se yergue sobre dos y, en cuanto llega el ocaso, necesita de tres? A lo que Edipo respondió de forma sencilla, refiriéndose al hombre (que gatea cuando es un niño, camina erguido más adelante y necesita de un bastón en su vejez). En otras versiones, a Edipo se le plantea un segundo acertijo, aunque la leyenda más aceptada y conocida sólo contiene el primero. De un modo u otro, una desesperada esfinge acabó sus días estampándose contra las rocas de un acantilado.

Edipo, tras haber concluido semejante hazaña, se dirigió a la ciudad de Tebas, donde fue aclamado como vencedor por una población que se hallaba en permanente estado de tristeza, tanto por causa de la esfinge, como por la reciente y extraña muerte del rey en las cercanías. Vieron en Edipo a un excelente nuevo monarca, de modo que éste aceptó casarse con la viuda del rey (Yocasta) y gobernar a los tebanos.

Los años siguientes transcurrieron en medio de una cierta paz. Edipo fue tan buen gobernante como se había esperado. Tuvo varios hijos con su nueva esposa y supo mostrarse como un rey justo y benevolente. Sin embargo, la situación, que auguraba un feliz final, quizá una vejez tranquila y la pacífica subida al trono de uno de los descendientes, se truncó. Y es que ni los mortales más valientes y decididos podían escapar al destino trazado por los dioses. Edipo había cumplido, de hecho, las dos partes partes de la profecía.

Gracias al adivino Tiresias -personaje protagonista o personaje secundario de una serie de leyendas bastante interesantes- Edipo descubrió la verdad acerca de su pasado y de su presente, tras emprender la búsqueda de la solución a una terrible peste que, cuando todo marchaba a la perfección, atacó la ciudad de Tebas. Yocasta se horrorizó al darse cuenta de que la profecía se había cumplido -con lo que ello conllevaba- y se ahorcó. Un Edipo al borde de la locura no pudo soportar semejante oprobio y destino, de modo que se vació los ojos con los broches del vestido de su madre y esposa, decidiendo vivir el resto de sus días como un triste vagabundo, aún pese a lo dicho por los cuatro príncipes. Ismene, Antígona, Eteocles y Polinices serán protagonistas del próximo artículo.

(I) Edipo y la esfinge en un cuadro de Ingrès.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Edipo. El origen

Pensaba iniciar una serie de artículos -ya ven que este blog de mitología adopta unos carices muy temáticos de cuando en cuando, sea la Guerra de Troya o los animales mitológicos- acerca del mito de Edipo y aquellos que de él se derivan. Conocido por casi todo el mundo, al menos de forma superficial, es simplemente imprescindible a la hora de asomarse al mundo de las leyendas. Iré más allá. Al igual que la propia leyenda en torno a la destrucción de Troya, se ha reinterpretado de tantas maneras y ha dado lugar a tantas y tan dispares manifestaciones culturales que nadie debería pasarlo por alto.

Desde Edipo Rey y Antígona como títulos de grandes tragedias clásicas, hasta imponentes cuadros o películas de directores consagrados, como Pier Paolo Pasolini. ¿Y qué decir de las leyendas que se entrelazan con la de Edipo? La Esfinge, los conflictos en Tebas entre sus hijos Polinices y Eteocles, la particular leyenda del padre de Edipo y un largo etcétera. En este primer post me referiré a la leyenda de este personaje en concreto, tratando en consecutivos artículos los mitos vinculados y derivados, además de las manifestaciones culturales más relevantes, en los campos de la literatura, el teatro, el cine, la fotografía artística, la ópera,...

Edipo tenía como célebres progenitores al rey de Tebas, Layo, y a su esposa, Yocasta. Layo, al margen de su interesante papel como padre de Edipo, tiene un significado relevante dentro de la fundación de Tebas y del posterior desarrollo de la historia de esta ciudad. El trono le fue inicialmente arrebatado por Anfión y Zeto, de manera que Layo buscó refugio y asilo en la corte de otro rey, Pélope, el cual acabó por confiarle la educación del joven Crisipo. Layo cometió el error de dejarse llevar por un deseo que juzgaba irrefrenable; durante los juegos de Nemea, secuestró al muchacho y se lo llevó consigo a Tebas, violándolo y manteniéndole retenido. Este hecho, el conocido crimen de Layo, acarreó terribles consecuencias. No sólo para Layo, sino para Tebas y para el devenir posterior de la leyenda de Edipo.

La primera de ellas, y por supuesto crucial a la hora de echar un vistazo a los acontecimientos posteriores del mito, fue la maldición que el enojado rey Pélope arrojó sobre Layo y, por ende, sobre lo vinculado con él. No sólo a causa del secuestro y violación de su hijo, sino que también a causa de la muerte de éste. Existen distintas versiones que justifican la misma, desde el suicidio del joven deshonrado hasta un asesinato perpetrado por sus hermanos o por la esposa de Pélope, Hipodamía. Sea como fuere, el dolido y airado Pélope maldijo a Layo y a sus descendientes hasta la tercera generación (tipo de maldición frecuente en otras culturas paralelas y cercanas a la griega). Fue una consulta al Oráculo de Delfos lo que le reveló el contenido y significado de la maldición; la sacerdotisa de Apolo le informó de probablemente críptica forma de que carecería de descendencia masculina y que, en caso de tener un hijo, éste mataría a su padre y yacería con su madre. Triste panorama que marcaría el destino igualmente triste de Edipo.

La segunda, bastante más discutida, alude a la Esfinge. Según algunas fuentes (preciso consultar en este punto a Apolodoro), Hera envió a esta bestia mitológica a obstruir el camino a Tebas debido a que los habitantes de esta ciudad permanecieron incólumes ante el crimen de Layo. Sin embargo, en este punto los estudiosos no se ponen de acuerdo. En otras versiones, es Ares, Hades o Dioniso quienes se revelan responsables de la presencia del terrorífico ser.


De un modo u otro, Layo se encontró con un doble problema, aún pese al muy cuestionable origen del segundo, que trataré posteriormente por no referirse tanto a los orígenes de Edipo. En la mayor parte de las versiones del mito, el rey no habló a su mujer de lo profetizado por el oráculo. De este modo, tras evitarla durante un tiempo muy consciente del peligro que entraña para ambos el tener un posible hijo varón, yació con ella hallándose ebrio. En otras frecuentes versiones, Layo tomó conciencia de la maldición al darse cuenta de que el hijo que deseaba tener se hacía esperar, acudió al oráculo de Delfos, el cual por medio de una profecía le reveló el terrible destino que se le avecinaba. Yocasta quedó encinta y dio a luz al descendiente de Layo. Para horror del rey de Tebas, se trataba de un varón. Inmediatamente, el soberano ordenó que el pequeño fuera asesinado. Sin embargo, los hechos discurrirían en una línea muy diferente.


Algunas versiones señalan que fue el amor de madre de Yocasta lo que la movió a impedir el infanticidio. En otra leyenda más conocida, Layo ordenó a un hombre que abandonase a su hijo en el Citerón (monte cercano) con intención de que muriera, probablemente ordenándole también que acabase directamente con la vida del pequeño. Sin embargo, este anónimo personaje se compadeció del bebé y sencillamente le abandonó, dejándole con los tobillos agujereados y una cuerda uniéndolos, lo que causó la hinchazón que derivaría, según la tradición, en el nombre del personaje.

La muerte parecía cuanto menos segura para Edipo. Sin embargo, como suele suceder en muchas de estas leyendas (si se detienen un momento a pensar en nuestra propia tradición seguro que encuentran alguna), algo le salvó del inminente final. Un pastor encontró al bebé y, apiadándose del niño, lo llevó frente a aquellos que gobernaban el lugar donde vivía. Y, de este modo, Edipo fue adoptado por los reyes de Corinto, Pólibo y Mérope (en otras versiones, Peribea).

(I) Vasija del Louvre, datada varios siglos antes de Cristo, en la que se representa tanto a la Esfinge como a Edipo.
(II) Edipo niño en brazos de un pastor en una escultura que pueden encontrar en el Museo del Louvre.

lunes, 19 de octubre de 2009

Deucalión y Pirra: el Diluvio

Si hay una leyenda que desde la primera ocasión en la que pude leerla me llamó profundamenta la atención, fue esta narración del diluvio, tan semejante a la más conocida por tradición bíblica e influencia de la cultura cristiana en la nuestra propia. Sin embargo, puestos ya a informarse acerca del tema, como ocurre con muchos otros esquemas de mitos y cuestiones religiosas, esta idea fundamental del diluvio aparece en múltiples culturas y tradiciones, tan dispersas como aquellas de Oriente o las relacionadas con la América Precolombina.

Recordemos por un momento la división en diversas edades (rememoremos la célebre Edad de Oro) a la que incluso hacen mención algunos filósofos. Zeus, en el momento de acabar con las personas de esta Edad Dorada, en otras versiones furioso con quienes habían aceptado el fuego de Prometeo, envió un diluvio sobre la humanidad que duró nueve días con sus nueve noches, asolando la Hélade. Pirra y Deucalión, por divina indicación, construyeron un arca donde refugiarse y salvar a una pareja de cada animal, similitud clarísima con el mito bíblico.


Una vez cesó el diluvio y las aguas bajaron de nivel, el arca se posó sobre el monte Parnaso, muy relevante dentro de la mitología griega. Tan sólo quedaba el problema de la repoblación de un mundo en el cual apenas existían personas. El oráculo de Temis proporcionó a Pirra y Deucalión una curiosa indicación: Volveos hacia atrás y arrojad los huesos de vuestra madre. Acertadamente, interpretaron que con madre se refería a la diosa Gea (la Tierra) y que con huesos, a las piedras. De aquéllas rocas que en efecto arrojaron, surgieron cientos de seres humanos.

(I) Momento final de la leyenda visto por el artista Giovanni Maria Botalla, también llamado Rafaellino.

jueves, 1 de octubre de 2009

El camino de los mitos

Hace unas semanas, tuve la ocasión de adquirir un libro sumamente interesante, uno de esos textos que merecen ser colocados en un estante bien visible, para reparar en ellos de cuando en cuando y volver a disfrutar de sus páginas. Un libro del que disfrutar y con el que reflexionar en diversos sentidos, desde el análisis de la influencia mitológica hasta la más pura estética literaria.


Se trata de un conjunto de relatos, elaborados por distintos autores, en los cuales se toman como base diferentes mitos para construir hábiles piruetas literarias, textos que no tienen por qué ambientarse en la época correcta o realizar un calcado retrato de un determinado personaje, o de una serie de costumbres, pero que nos recuerdan hasta qué punto determinados motivos de la historia de la literatura se repiten una y otra vez. Los temas centrales de las leyendas no son una excepción.

La diversidad resultante de que cada relato haya sido escrito desde el individual prisma de su autor es apabullante. Y, al mismo tiempo, todos ellos tienen un punto común en estos temas clásicos que hacen resurgir, y a los que, a veces con nombres y palabras modernas, devuelven la vida.

Fragmento de la contraportada:

"En las páginas interiores de este libro aguardan héroes antiguos, atemporales; esperan a ser leídos diferentes mitos, mitos de indudable vigencia en el tiempo y de un atractivo que ha permanecido inalterado en el tiempo; acechan, a su vez, espantosas criaturas o seres informes unas veces,bellos y equilibrados otras, pero siempre, siempre atrayentes. Es el Camino de los Mitos, que a lo largo de los siglos ha ido adquiriendo distintas formas para llegar a nosotros en plena efervescencia.

Acompañados de unas magníficas ilustraciones, cada autor nos ofrece su visión de determinadas historias en estos deliciosos relatos que son, no nos cabe ninguna duda, un entretenimiento de primer orden y una fuente de conocimientos".

lunes, 21 de septiembre de 2009

Hipómenes y Atalanta

Escribiendo un post acerca de Turandot en uno de mis blogs, recordé esta bonita leyenda de Hipómenes y Atalante, decidiéndome que tenía que narrarla de una vez por todas en esta bitácora, ya que lleva meses en la lista de los 'temas a tratar'. Además, ambas leyendas tienen alguna que otra semejanza, nada extraño cuando tenemos e

Eurípides y Hesíodo plantean distintos orígenes para Atalanta, pero las distintas versiones de la leyenda señalan, todas ellas, que fue abandonada en el monte Partenio al nacer, puesto que su padre deseaba un hijo varón. Esta práctica de exponer a los niños no deseados es frecuente tanto en la cultura a la que pertenece el mito, como en la propia mitología griega. Sin embargo, la pequeña no falleció gracias a que fue amamantada por una osa; estos casos de personajes que salen adelante gracias a la ayuda de un animal aparecen también en diversas leyendas, como la celebérrima loba de Rómulo y Remo.

Atalanta creció, pues, viviendo en este monte, donde se convirtió en una ágil y hermosa mujer. Llevó a cabo varias acciones heroicas, como la victoria sobre un par de centauros. Veneraba a la diosa Artemisa, a la cual decidió consagrar su virginidad. No deseando casarse, afirmó que tan sólo contraería matrimonio con el hombre que pudiese vencerla en una carrera, siendo ejecutado aquel que no fuese capaz de alcanzar tal mérito.


Hipómenes, un valeroso joven, decidió desafiarla. Sabiendo de antemano que, en condiciones normales no podría vencer, suplicó ayuda a Afrodita, la diosa del amor. Ésta se decidió a darle una solución, y le entregó unas manzanas de oro obtenidas del árbol del Jardín de las Hésperides, hijas de Atlas. Durante la carrera, Hipómenes lanzó las manzanas alternativamente varios metros por delante de Atalanta, adelantándola cuando ésta se detenía a contemplarlas, subyugada, y ganando finalmente la carrera.

Aunque la historia pudo haber concluido de modo alegre, con Atalanta e Hipómenes jutnos, por el contrario tuvo un desenlace trágico. En una ocasión, consumaron su amor en un templo, rompiendo por accidente una estatua. La ira de Afrodita o la ira de Zeus, existen dos versiones, pero el final es el mismo, en el cual ambos son convertidos en leones. Una leyenda posterior señala que son esto dos leones quienes tiran del carro de la diosa Cibeles.

Ovidio narra así la metamorfosis:

"De luz exigua había cerca de esos templos un receso,
a una caverna semejante, de nativa pómez cubierto,
por una religión primitiva sagrado, adonde su sacerdote,
de leño, había llevado muchas representaciones de viejos dioses.
Aquí entra y con ese vedado oprobio ultraja los sagrarios.
Los sagrados objetos volvieron sus ojos, y coronada de torres la Madre
en la estigia onda a los pecadores duda si sumergir.
Condena leve le pareció. Así pues, unas rubias crines velan,
poco antes tersos, sus cuellos, sus dedos se curvan en uñas,
de sus hombros unas espaldillas se hacen, hacia su pecho todo
su peso se va, las supremas arenas barridas son de su cola.
Ira su rostro tiene, en vez de palabras murmullos hacen,
en vez de sus tálamos frecuentan los bosques y, para otros de temer,
con su diente domado aprietan de Cíbeles los frenos, los leones.
De ellos tú, querido mío, y con ellos del género todo de las fieras,
el que no sus espaldas a la huida, sino a la lucha su pecho ofrece,
rehúye, no sea la virtud tuya dañosa para nosotros dos.”

(I) Hipómenes y Atalanta en un cuadro de Guido Reni.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Narciso, de Oscar Wilde

Coincidiendo con la publicación de un post acerca de los poemas y poesía en prosa del genial Oscar Wilde en mi blog de literatura (artículo que pueden consultar aquí), me gustaría dedicar hoy una entrada a un escrito del autor irlandés en el cual se hace referencia al mito de Narciso, tratado en mi última entrada.

No publico este breve texto tan sólo porque tenga que ver con la mitología, y más concretamente con la leyenda en cuestión, sino porque es también una joyita literaria, para saborear con detenimiento y reflexionar. Una buena mezcla de literatura y mitología.


Cuando murió Narciso, el remanso de su placer se trocó de una copa de aguas dulces en una copa de lágrimas saladas, y llegaron llorando a través de los bosques las ninfas de las montañas, las oréades, para consolar al remanso con su canto.
Y cuando vieron que el remanso se había trocado de una copa de aguas dulces en una copa de lágrimas saladas, soltaron las verdes trenzas de sus cabellos y gritando al remanso le dijeron:
-No nos sorprende que hagas un duelo tal por Narciso, tan hermoso como era.
-¿Era hermoso Narciso? -dijo el remanso.
-¿Quién había de saberlo mejor que tú? -respondieron las ninfas-. A nosotras siempre nos desdeñaba, pero a ti te cortejaba, y solía recostarse en tus orillas e inclinarse a mirarte, y en el espejo de tus aguas reflejaba gustoso su belleza.
Y el remanso respondió:
-Pero yo amaba a Narciso porque, cuando recostado en mis orillas se inclinaba a mirarme, en el espejo de sus ojos veía mi propia belleza reflejada.

(I) Cuadro de Caravaggio que ilustra el mito.

martes, 7 de julio de 2009

Narciso

El mito de Narciso es, sin duda, uno de los más conocidos de la mitología grecolatina, al menos de una manera superficial. Se trata de un personaje representativo que ha trascendido su propia leyenda, convirtiéndose en un símbolo y dando nombre a la patología del narcisismo, o excesiva estima y amor hacia uno mismo.

Narciso era un joven excepcionalmente hermoso y, aunque era cortejado por numerosos hombres y mujeres, se alejaba de todo contacto humano, rechazando a sus galantes pretendientes. Tal actitud acabó por desencadenar la cólera divina. En una versión del mito, Narciso responde a los regalos de uno de sus enloquecidos adoradores con una espada, sin poder prever que, ante su despecho, este hombre acabaría matándose con ella. En otra versión es el rechazo hacia la ninfa Eco, que respondía con las mismas palabras a sus afirmaciones cuando Narciso vagaba solo por el bosque en el que había vivido (versión ampliamente extendida por Ovidio).

Sea como fuere, el castigo para el soberbio Narciso fue tan cruel como ingenioso, ya que el joven acabó enamorándose de su propio reflejo en una laguna. Lo que sigue es ampliamente conocido: el bello muchachito languideció contemplándose, olvidando comer y beber, casi sin dormir, embelesado por su reflejo. Finalmente acabó muriendo y en el lugar de su muerte nació la flor llamada Narciso.

Ovidio (¡con qué frecuencia cito en este blog a Ovidio) describió de este modo la muerte del joven, en un pasaje que siempre me ha gustado y emocionado; pueden encontrarlo en este enlace.

miércoles, 17 de junio de 2009

Le Roman de Troie

Si hay algo que me encanta del mundo clásico, es el modo en el que su legado ha pervivido en siglos posteriores, llegando incluso hasta nuestros días. La mitología es un excelente ejemplo de ello, omnipresente en distintas artes, desde la pintura y la escultura hasta algunas películas relativamente modernas (el tema de las influencias de la mitología clásica en el cine da para tratado y tesis).

Uno de los rasgos de esta influencia más interesantes esta reinterepretación de mitos que se hizo en la Edad Media y la composición de nuevos textos acerca de leyendas ya existentes, en especial sobre la caída de Troya (tema ya esencial en la historia de la literatura) o de la fundación de Roma. Es el caso del largo poema narrativo al que me refiero hoy, Le Roman de Troie, que fue escrito por el francés Benoît de Saint-Maure, redactado nada más y nada menos que en siglo XII, es decir, tras el fin de la Época Clásica y mucho antes del Renacimiento.


Este caso es fascinante también porque no se basa sólo en la fuente homérica (a la que, de hecho, tampoco presta una excesiva atención), sino a otras de origen oriental, con lo que la visión de la leyenda es muy distinta. Es muy necesario prestar atención a esto, pues Le Roman de Troie influenció notablemente a otros autores posteriores de gran renombre (Bocaccio o Shakespeare), cuando podríamos pensar en la sola existencia de una influencia homérica. Esta es buena ocasión para recordar la importancia de ser conscientes de que en mitología no sólo existe una versión de cada leyenda, sino que a menudo, dependiendo de épocas, zonas geográficas y modos de pensar, pueden surgir distintos relatos que marquen representaciones artísticas e interpretaciones posteriores.

(I) Paris y Helena en un célebe cuadro de Jacques Louis David.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Medusa

Inauguré hace meses una sección dedicada a animales y extraños seres mitológicos, en la que he ido escribiendo algunos posts sueltos. Hoy desearía dedicar un artículo a Medusa -y, por extensión, a las Gorgonas-, un personaje mitológico al que casi todo el mundo, iniciado o no en el mundo de las clásicas, conoce, aunque no tenga conocimiento del nombre o la leyenda que se le atribuye.

Medusa es un personaje clave dentro del mito de Perseo, acerca del cual escribí hace tiempo una entrada (pueden consultarla aquí). El nacimiento de Medusa -de las tres Gorgonas, pues- se vincula con los orígenes de lo existente, tras el Caos primigenio. Se vincula, por un lado, con Forcis (según Hesíodo, uno de los hijos de Ponto y Gea) y Ceto (monstruo que habitaba las profundidas marinas), pero más a menudo con Tifón (otro monstruoso ser) y Equidna (ninfa vinculada con Ceto, con toque monstruoso incluido). Con semejantes progenitores, a nadie le extraña que las Gorgonas fuesen seres mitológicos de apariencia monstruosa y comportamiento lo bastante terrible para ser temidas.


La imagen de las Gorgonas permanece desde su origen en el imaginario colectivo. Generalmente se las describe como monstruos femeninos con serpientes en lugar de cabellos, ojos brillantes y poco humanos, y rostro por lo demás terrible. Una tradición anterior, de la que Píndaro se hace eco, habla de que una de las Gorgonas, Medusa, era originalmente hermosa, pero que tras la violación sufrida por el dios marino, adoptó esta horrible apariencia (prestando especial atención al la curiosa cabellera). De Medusa se decía, además, que su mirada era capaz de convertir en piedra a los hombres que osasen contemplar su faz.

Fue el héroe Perseo quien, con ayuda de una serie de objetos y consejos proporcionados por la sabia Atena, consiguió enfrentarse a Medusa, acabando con su vida y con la de sus hermanas. Aún tras la muerte del ser, los ojos de Medusa continuaban conservando su terrible poder.

Como comentaba anteriormente, la figura de Medusa ha permanecido en la memoria, y se ha reflejado en campos tan distintos como el arte (llegando incluso a aparecer en obras de Salvador Dalí) o el psicoanálisis (Freud escribió un artículo cuyo título le hacía referencia).

(I) Medusa en un cuadro de Caravaggio.

domingo, 17 de mayo de 2009

Premio Centauro de Oro

Iniciaré el artículo copiando el post que esta mañana ha aparecido en la plataforma de clásicas Chiron.

"Al celebrarse el día de Internet (17 de mayo), Chiron concede el Centauro de Oro a aquellos blogs de temática clásica, mantenidos por alumnos, que constituyen un ejemplo a seguir y un estímulo para fomentar el amor por el mundo grecorromano.

En esta tercera convocatoria, el Centauro de Oro ha correspondido a:

- M@riel, por sus dos blogs relativos a Grecia (Tras las huellas de los dioses) y a Roma (Hijos de Marte). El valioso contenido de ambos blogs se ve acrecentado si tenemos en cuenta que su autora, que vive en Galicia, es una alumna de tercer curso de la ESO.

- Y al blog Aracne fila i fila, del IES Cristòfol Ferrer, de Premià de Mar. Se trata de un blog de aula, donde publican sus trabajos los alumnos de latín, griego y Cultura Clásica, desde 3º de la ESO hasta 2º de bachillerato.

Desde Chiron queremos felicitar sinceramente a M@riel y a los autores de Aracne fila i fila (con su profesora Margalida Capellà a la cabeza) a la vez que les animamos a seguir con su labor, y deseamos que cunda el ejemplo entre los estudiantes que tienen verdadera estima por el mundo clásico. No es otra la razón de la existencia de los Centauros de Oro".



Como ya han podido leer, me ha sido otorgado el Centauro de Oro del año 2009, galardón que distingue a blogs de temática clásica llevados por alumnos. He de decir que me siento muy emocionada y satisfecha; conocía el premio, pero jamás se me hubiese pasado por la cabeza que mis blogs fuesen merecedores de él.


Mi más sincera enhorabuena a l@s otr@s ganador@s del premio; les felicito con toda sinceridad desde aquí. Recomiendo a mis lectores, del mismo modo, que visiten este otro blog premiado, Aracne fila i fila.

Un blog, como ya he escrito en alguna ocasión, no es cosa de una sola persona, sino que propicia un diálogo y una comunicación. En este sentido, escribir en Hijos de Marte y en Tras las Huellas de los Dioses no sería lo mismo de no ser los posts leídos por otros bloggers o usuarios anónimos, que a menudo dejan su opinión en forma de comentarios. He de estar muy agradecida a tod@s ell@s. Además, debo dar también las gracias a aquellas profesoras que en su día me animaron a continuar con mi blog y que contribuyeron con su granito de arena a que fuese un poco más conocido. No voy a enumerar una a una todas las personas que se merecen un agradecimiento, porque sería una labor ardua, digna de la paciencia de alguna divinidad, y porque, con toda posibilidad, olvidaría algún nombre en la lista, con lo despistada que soy. Por ello, a todo aquel que me lea: gracias.

Un cordial saludo.

viernes, 1 de mayo de 2009

Pigmalión y Galatea

Narraré hoy una nueva leyenda que tiene por protagonista a Galatea, pero el lector no debe confundirse: no se trata de la oceánide Galatea de mi post anterior (Fábula de Polifemo y Galatea), sino de una mujer considerablemente distinta.

El protagonista de este mito es Pigmalión, un rey chipriota que poseía una extraordinaria habilidad para la escultura. Sus obras eran tan hermosas y realistas que parecían personas vivas. Sin embargo, Pigmalión se sentía profundamente desgraciado, ya que a lo largo de su vida había tratado de encontrar a una mujer conforme a sus expectativas, sin lograrlo.

Por este motivo, el rey artista decidió esculpir una estatua que representase a aquella mujer que tanto ansiaba encontrar. Mas el hombre cometió con ello un terrible error: su obra era tan bella y perfecta que acabó enamorándose perdidamente de aquel pedazo de piedra esculpida. La Fortuna, sin embargo, le sonrió por primera vez: Afrodita convirtió a la estatua en una hermosa muchacha, Galatea, que se convirtió en la esposa de Pigmalión.

Ovidio plasmó de este modo el mito en sus Metamorfosis (para leer el mito completo, hagan click aquí).

Los labios le besa, y que se le devuelve cree y le habla y la sostiene

y está persuadido de que sus dedos se asientan en esos miembros

por ellos tocados, y tiene miedo de que, oprimidos,

no le venga lividez a sus miembros, y ora ternuras le dedica, ora,

gratos a las niñas, presentes le lleva a ella de conchas y torneadas piedrecillas

y pequeñas aves y flores mil de colores, y lirios y pintadas pelotas y,

de su árbol caídas, lágrimas de las Helíades; orna también con vestidos su cuerpo: da a sus dedos gemas, da largos colgantes a su cuello;

en su oreja ligeras perlas, cordoncillos de su pecho cuelgan:

todo decoroso es; ni desnuda menos hermosa parece.

La coloca a ella en unas sábanas de concha de Sidón teñidas,

y la llama compañera de su lecho, y su cuello, reclinado,

en plumas mullidas, como si de sentirlas hubiera, recuesta.

«El festivo día de Venus, de toda Chipre el más celebrado,

había llegado, y recubiertos sus curvos cuernos de oro,

habían caído golpeadas en su nívea cerviz las novillas

y los inciensos humaban, cuando, tras cumplir él su ofrenda,

ante las aras se detuvo y tímidamente: «Si, dioses, dar todo podéis,

que sea la esposa mía, deseo» -sin atreverse a «la virgen

de marfil» decir- Pigmalión, «semejante», dijo, «a la de marfil».

Sintió, como que ella misma asistía, Venus áurea, a sus fiestas,

los votos aquellos qué querían, y, en augurio de su amiga divinidad,

la llama tres veces se acreció y su punta por los aires trujo.

Cuando volvió, los remedos busca él de su niña

y echándose en su diván le besó los labios: que estaba templada le pareció;

le allega la boca de nuevo, con sus manos también los pechos le toca.

Tocado se ablanda el marfil y depuesto su rigor en él se asientan

sus dedos y cede, como la del Himeto al sol,

se reblandece la cera y manejada con el pulgar se torna

en muchas figuras y por su propio uso se hace usable.

Mientras está suspendido y en duda se alegra y engañarse teme,

de nuevo su amante y de nuevo con la mano, sus votos vuelve a tocar;

un cuerpo era: laten tentadas con el pulgar las venas.

Entonces en verdad el Pafio, plenísimas, concibió el héroe

palabras con las que a Venus diera las gracias,

y sobre esa boca finalmente no falsa su boca puso y, por él dados,

esos besos la virgen sintió y enrojeció y su tímida luz hacia las luces.



(I) Pigmalión y Galatea en un cuadro de Jean Leon Gerome.

martes, 28 de abril de 2009

Fábula de Polifemo y Galatea

Me gustaría compartir con ustedes un fragmento este poema del autor español Luis de Góngora. Se trata de la leyenda en la que Polifemo, horrendo cíclope, se enamora de Galatea, una nereida. Lo cierto es que es un texto interesante desde el punto de vista lingüístico y literario -Siglo de Oro en España-, del que refiero sólo unos versos, por ser demasiado largo. De todos modos, la versión íntegra puede encontrarse fácilmente en Internet.

"¡Oh bella Galatea, más suave
que los claveles que tronchó la aurora;
blanca más que las plumas de aquel ave
que dulce muere y en las aguas mora;
igual en pompa al pájaro que, grave,
su manto azul de tantos ojos dora
cuántas el celestial zafiro estrellas!
¡Oh tú, que en dos incluyes las más bellas!

Deja las ondas, deja el rubio coro
se las hijas de Tetis, y el mar vea,
cuando niega la luz un carro de oro,
que en dos la restituye Galatea.
Pisa la arena, que en la arena adoro
cuantas el blanco pie conchas platea,
cuyo bello contacto puede hacerlas,
sin concebir rocío, parir perlas.

Sorda hija del mar, cuyas orejas
a mis gemidos son rocas al viento:
o dormida te hurten a mis quejas
purpúreos troncos de corales ciento,
o al disonante número de almejas
¿Marino, si agradable no, instrumento?,
coros tejiendo estés, escucha un día
mi voz, por dulce, cuando no por mía.

Pastor soy, mas tan rico de ganados,
que los valles impido más vacíos,
los cerros desparezco levantados
y los caudales seco de los ríos;
no los que, de sus ubres desatados,
o derivados de los ojos míos,
leche corren y lágrimas; que iguales
en número a mis bienes son mis males.

Sudando néctar, lambicando olores,
senos que ignora aun la golosa cabra
corchos me guardan, más que abeja flores
liba inquieta, ingeniosa labra;
troncos me ofrecen árboles mayores,
cuyos enjambres, o el abril los abra,
o los desate el mayo, ámbar destellan,
y en ruecas de oro rayos del Sol hilan".


(I) Galatea en una pintura al fresco.

viernes, 3 de abril de 2009

Píramo y Tisbe

Hace unos cuantos meses, inicié una serie de artículos dedicados a las grandes historias de amor en la mitología grecolatina. De esta manera, he ido publicando posts acerca de leyendas como la de Eros y Psique o la de Apolo y Jacinto. Me parece que ya es momento de continuar incorporando escritos a esta categoría, razón por la cual hoy haré referencia a uno de mis mitos favoritos, el de Píramo y Tisbe.

Pese a que la leyenda se integra dentro de la mitología griega, transcurre en tierras situadas más al este, en concreto en una ciudad babilonia. Tiene como protagonistas al joven Píramo y a Tisbe, su enamorada. Sin embargo, los padres de los dos amantes les prohiben verse, de manera que ellos buscan un medio de comunicarse, a través de un agujero que hay en la pared que separa las dos casas.

De este modo, Píramo y Tisbe consiguen fijar un momento para verse, al anochecer, lejos de las miradas indiscretas de los ciudadanos. Deciden reunirse cerca de una morera. Es Tisbe quien llega primero, mas se encuentra con una leona. El animal asusta a la joven, que huye del lugar, abandonando por accidente su velo. Cuando Píramo se aproxima a la morera, encuentra la prenda perdida por su amada. La tela está manchada de sangre, pues la leona ha jugueteado con ella y ha dejado esas señales. El joven piensa que Tisbe ha sido devorada por la leona y se suicida allí mismo. Su amada regresa instantes después y halla el cadáver de Píramo, suicidándose a su vez, en la culminación de una tragedia muy semejante al Romeo y Julieta de Shakespeare y a otras obras posteriores, pues el mito de Píramo y Tisbe ha resultado inspirador a lo largo de la historia de la literatura grecolatina.

Ovidio refleja este mito en sus Metamorfosis, añadiendo un detalle interesante. Según su texto -que, se supone, bebe de una tradición anterior- el nombre de la morera en una determinada lengua procede de Píramo, pues es la sangre derramada de Píramo la que otorga a las moras su característico color.

Adjunto el fragmento de estos escritos de Ovidio en el que se narra el final del mito de Píramo y Tisbe:

"Al nombre de Tisbe sus ojos, ya por la muerte pesados, Píramo irguió, y vista ella los volvió a velar. La cual, después de que la prenda suya reconoció y vacío de su espada vio el marfil: «Tu propia a ti mano», dice, «y el amor, te ha perdido, desdichado. Hay también en mí, fuerte para solo esto, una mano, hay también amor: dará él para las heridas fuerzas. Seguiré al extinguido, y de la muerte tuya tristísima se me dirá causa y compañera, y quien de mí con la muerte sola serme arrancado, ay, podías, habrás podido ni con la muerte serme arrancado. Esto, aun así, con las palabras de ambos sed rogados, oh, muy tristes padres mío y de él, que a los que un seguro amor, a los que la hora postrera unió, de depositarles en un túmulo mismo no os enojéis; mas tú, árbol que con tus ramas el lamentable cuerpo ahora cubres de uno solo -pronto has de cubrir de dos-, las señales mantén de la sangría, y endrinas, y para los lutos aptas, siempre ten tus crías, testimonios del gemelo crúor», dijo, y ajustada la punta bajo lo hondo de su pecho se postró sobre el hierro que todavía de la sangría estaba tibio. Sus votos, aun así, conmovieron a los dioses, conmovieron a los padres, pues el color en el fruto es, cuando ya ha madurado, negro, y lo que a sus piras resta descansa en una sola urna".


(I) Píramo y Tisbe en un mosaico de Pafos.

sábado, 7 de marzo de 2009

Héroes viajeros

El otro día, visitando una librería a la que le tengo especial cariño, me topé inesperadamente con un nuevo libro de Robin Lane Fox, autor de culto en el mundo del ensayo histórico accesible a todos. Y es que los textos de Fox resultan tan amenos, claros e interesantes que llegan realmente al público en general, no sólo a los estudiosos de los temas clásicos.


En esta ocasión, se trata de un ensayo acerca de la mitología griega, tema suculento donde los haya (quizá sea un tanto parcial al decir esto, pero escribo en una bitácora de mitología clásica y no es para menos, espero lo comprendan...). No resulta exageradamente extenso; consta de 610 páginas que, con el considerablemente narrativo estilo de este autor, saben incluso a poco.

Ni qué decir tiene que me aferré al libro y me pasé casi quince minutos hojeándolo, aunque me dio tiempo a leer el prólogo y a echar un vistazo a la bibliografía, así como a los distintos capítulos que lo conforman. Se estructura, pues, en cuatro partes fundamentales y, como suele suceder en las documentadas obras de Robin Lane Fox, encontramos un nutrido conjunto de referencias literarias.

En cuanto lo adquiera y lo lea, les ofreceré mi modesta opinión, aunque estoy segura de que no me decepcionará ni les decepcionará.

(I) Portada de Héroes viajeros.

martes, 3 de marzo de 2009

Premio Limonada

Desde Chicass10 se me nomina a los Premios Limonada. Desde aquí quiero expresar mi agradecimiento por esta nominación, ya que esta clase de premios de la Blogosfera tienen la virtud de emocionarme e ilusionarme (supongo que a cualquier blogger con un corazoncito en el pecho y no un trozo de hierro le sucederá algo parecido). Por ello, como persona agradecida que deseo considerarme, continúo la cadena siguiendo las sencillas normas:

1. Poner el logo en el post o en el blog.
2. Nominar al menos a otros 5 blogs que muestren gran Actitud y/o Gratitud
3. Asegurarse de enlazar bien a los nominados en el post.
4. Hacerles saber que han recibido este premio mediante un comentario en su blog.
5. Esparcir el amor y no olvidarse de enlazar a quien te premió.


Y ahora tocan las pertinentes nominaciones. Quiero dejar bien claro antes de proceder a enumerar los blogs que nomino que no son los únicos que me parecen perfectos candidatos al premio, sino que, de entre todas las bitácoras que me maravillan, me veo obligada a elegir entre cinco, y es imposible quedarse con los verdaderamente mejores.

Letras nómadas, porque se trata del otro blog de la genial Annula, que a punto ha estado de desaparecer de la Blogosfera y que, sin embargo, ha vuelto, y esta vez al frente de dos bitácoras. Y como este blog ha nacido hace poco, le nomino al premio, pues me parece un espacio necesario e interesante.
Expositio internationalis, porque dentro de los blogs en latín que leo (o que al menos visito y trato de entender), es uno de mis favoritos, que lleva un blogger administrador de otro blog excelente, Homo Bonus.
De re coquinaria, pues me fascina el mundo de la cocina romana y en este blog aprendo como en pocos.
Zeus y sus musas, porque este blog colectivo que llevan los alumnos de clásicas de un colegio de Melilla me ha gustado desde la primera vez que entré en él; me parece verdaderamente interesante.
Comunicación, porque se trata del blog de lengua castellana en el que escriben mis compañeros de 3º ESO y que, tratando de ser lo más objetiva posible, me parece una buena iniciativa, ya que el aula se traslada de esta manera a un medio informático como es la Red.

¡Mi enhorabuena a todos los premiados!

miércoles, 25 de febrero de 2009

Animales mitológicos en las leyendas de Heracles

Heracles (más conocido por el nombre romano de Hércules) es protagonista de un sinnúmero de leyendas, de las cuales quizá las más célebres sean aquellas que se refieren a la realización de una serie de trabajos ordenados por su tío Euristeo. En ellos, a menudo aparecen distintas bestia mitológicas sumamente famosas dentro del mundo de las leyendas grecolatinas. He aquí algunos ejemplos:

El león de Nemea.
Se trataba de una feroz bestia bestia cuya piel no poddía traspasar arma alguna (por lo tanto, resultaba extremadamente difícil matarlo). El león aterrorizaba toda una población rural, ya que devoraba los rebaños de ovejas y se revelaba un peligro para los habitantes. Heracles lo estrángulo y lo desolló empleando las propias garras del león.


La hidra de Lerna. Descendiente en parte de los titanes, era un monstruoso ser con nueve cabezas, semejant a una serpiente o a un dragón. Una de ellas era inmortal y, en caso de cortal alguna de las demás, al momento surgían dos del cuello cercenado. Heracles mató a la hidra rebanando las cabezas mortales y cauterizando las heridas con una antocha, para después cortar y enterrar la cabeza inmortal.

El jabalí de Erimanto.
Un gran y violento jabalí al que Heracles logró capturar vivo y que llevó al palacio de Euristeo, el cual se escondió en una vasija al verlo.


Los pájaros del lago Estínfale.
Monstruosas aves devoradoras de hombres que sobrevolaban constantenemente un lago. Heracles las venció con ayuda de Atenea, que le proporcionó unos címbalos con los cuales consiguió ahuyentarlos definitivamente.


Las yeguas de Diomedes.
Estos seres poseían crines de fuego y se alimentaban de carne humanada. Su poseedor, el rey de Tracia llamado Diomedes, les entregaba prisioneros de guerra e incluso invitados reales para que los devorasen.


Cerbero.
Se trata de un ser de extraordinaria importancia dentro de la mitología grecolatina. Era un perro de tres cabezas, extremedamente fiero, que guardaba la entrada al Inframundo, impidiendo la entrada de los vivos y la salida de los muertos. Heracles fue capaz de capturarlo sin causarle daño.



(I) Imagen del Can Cerbero.

jueves, 19 de febrero de 2009

Un monólogo sobre la Teogonía

He hablado ya varias veces en este blog acerca del origen del mundo según la mitología grecolatina, así como del extenso poema de Hesíodo, la Teogonía, en el que se describe tal origen. Hoy me gustaría compartir con ustedes un monólogo que trata con un curioso punto de humor este interesante tema.





martes, 27 de enero de 2009

Pegaso

Me he propuesto iniciar una serie de posts para hacer referencia a los "animales" o criaturas mitológicas que pueblan las leyendas grecolatinas, tales como Pegaso o la Hidra. En mi artículo anterior me refería a una canción de un grupo de heavy metal español que trataba el tema de este primer ser, Pegaso, al cual está dedicado este artículo.

Pegaso surgió, según la mayor parte de las versiones de la leyenda, de la sangre de la gorgona Medusa en cuanto el héroe Perseo cortó la cabeza de ésta. Era un magnífico caballo alado, entre cuyos antepasados hay quien señala a Poseidón, dios del mar y los océanos. Debido a la belleza y magnificencia de esta criatura mitológico, no fueron pocos los hombres que trataron de atraparlo y domarlo, con objeto de convertirlo en su caballo.

En este sentido, encontramos firmemente vinculada con la historia de Pegaso la de Belerofonte, el cual era un príncipe corintio que prácticamente se obsesionó con la idea de atrapar a Pegaso. Supones que tras mucho meditarlo, se decidió a obedecer los vaticinios de un adivino, el cual le indicó que durmiese una noche n el templo de Atenea. La diosa se apareció en sueños a Belerofonte y le hizo entrega de una brida de oro, con la cual el príncipe consiguió capturar al caballo alado.

Pegaso se convirtió en todo un aliado para Belerofonte en la lucha contra otros seres y personas de la mitología -como otra bestia, la Quimera-, pero el orgullo y la vanagloria acabaron por jugar una mala pasada al príncipe, que voló a lomos de su caballo hasta el Olimpo, ansiando entrar en la morada de los dioses. Sin embargo, Pegaso le derribó, y Belerofonte fue condenado a vagar sin rumbo o, en otras versiones, falleció.


(I) Belerofonte monta a Pegaso en un relieve antiguo.

sábado, 10 de enero de 2009

Pegaso, de Tierra Santa

Como preludio a mi próximo artículo acerca de Pegaso, animal mitológico con el que pretendo inaugurar una sección homónima en el blog, dejo una canción del grupo español Tierra Santa en referencia a este ser que aparece en leyendas grecolatinas.

Pegaso

Viviendo en un sueño salido del mar
donde una leyenda nos cuenta
que un caballo alado surgió
y su magia fue eterna
Veloz como el viento sus alas abrió
un manto de nubes su vuelo envolvió
y en la noche brilló
como brilla una estrella
Y busca su destino
mas allá de la realidad
donde reinan los héroes
y no existe el mal
Corazón de leyenda
hijo del Dios del Mar
y una triste mortal
que con su sangre al morir
se convirtió en realidad
Y ahora vive sumido en un sueño
del que nunca podrá despertar
un mortal quiere hacerse su dueño
darle caza y poderle domar


sábado, 3 de enero de 2009

Cassandra, de ABBA

Hoy me gustaría postear una de las célebres canciones del grupo ABBA, cuya temática es claramente mitológica y alude a la leyenda de Casandra, ya narrada en este blog. En primer lugar, les dejo la letra en inglés y, a continuación, la traducción.

Cassandra

Down in the street they're all singing and shouting
Staying alive though the city is dead
Hiding their shame behind hollow laughter
While you are crying alone in your bed

Pity Cassandra that no one believed you
But then again you were lost from the start
Now we must suffer and sell our secrets
Bargain, playing smart, aching in our hearts

Sorry Cassandra I misunderstood
Now the last day is dawning
Some of us wanted but none of us could
Listen to words of warning
But on the darkest of nights
Nobody knew how to fight
And we were caught in our sleep
Sorry Cassandra I didn't believe
You really had the power
I only saw it as dreams you would weave
Until the final hour

So in the morning your ship will be sailing
Now that your father and sister are gone
There is no reason for you to linger
You're grieving deeply but still moving on
You know the future is casting a shadow
No one else sees it but you know your fate
Packing your bags, being slow and thorough
Knowing, though you're late, that ship is sure to wait

Sorry Cassandra I misunderstood
Now the last day is dawning
Some of us wanted but none of us could
Listen to words of warning
But on the darkest of nights
Nobody knew how to fight
And we were caught in our sleep
Sorry Cassandra I didn't believe
You really had the power
I only saw it as dreams you would weave
Until the final hour

I watched the ship leaving harbor at sunrise
Sails almost slack in the cool morning rain
She stood on deck, just a tiny figure
Rigid and restrained, blue eyes filled with pain
Sorry Cassandra I misunderstood
Now the last day is dawning
Some of us wanted but none of us could
Listen to words of warning
But on the darkest of nights
Nobody knew how to fight
And we were caught in our sleep
Sorry Cassandra I didn't believe
You really had the power
I only saw it as dreams you would weave
Until the final hour

I'm sorry Cassandra
I'm sorry Cassandra

Casandra

Abajo en la calle todos ellos están cantando y gritando
Manteniéndose vivos en esta ciudad que se halla muerta
Escondiendo su vergüenza tras risas vacías
Mientras tú lloras sola en tu cama

Desgraciada Casandra a la que nadie creyó
Mas entonces estabas otra vez perdida desde el principio
Ahora nosotros debemos sufrir y vender nuestros secretos
Regateando, aparentando elegancia, doliéndonos en nuestros corazones

Lo siento, Casandra, te malinterpreté
Ahora el último día concluye
Algunos de nosotros quisimos pero nadie pudo
Escuchar las palabras de aviso
Pero en la más oscura de las noches
Nadie sabía cómo luchar
Y fuimos atrapados en nuestro sueño
Lo siento, Casandra, no creí
Tú realmente tenías el poder
Sólo lo vi como los sueños que tú tejerías
hasta la hora final

Así que en la mañana su barco estará navegando
Ahora que tu padre y tu hermana se han ido
No tienes ninguna razón para sobrevivir
Tú estás sufriendo hondamente pero continúas hacia adelante
Tú sabes que tu futuro está ensombrecido
Nadie más lo ve pero tú conoces tu destino
Preparando tu equipaje, siendo lenta y mientras tanto
Sabiendo que, aunque tú te retrasas, el barco esperará

Lo siento, Casandra, te malinterpreté
Ahora el último día concluye
Algunos de nosotros quisimos pero nadie pudo
Escuchar las palabras de aviso
Pero en la más oscura de las noches
Nadie sabía cómo luchar
Y fuimos atrapados en nuestro sueño
Lo siento, Casandra, no creí
Tú realmente tenías el poder
Sólo lo vi como los sueños que tú tejerías
hasta la hora final

Vi el barco abandonando el puerto al amanecer
Navega casi tenso en la fresca lluvia de la mañana
Ella permanecía en la cubierta, solo una pequeña figura
Rígida y sobria, los ojos azules llenos de pena

Lo siento, Casandra, te malinterpreté
Ahora el último día concluye
Algunos de nosotros quisimos pero nadie pudo
Escuchar las palabras de aviso
Pero en la más oscura de las noches
Nadie sabía cómo luchar
Y fuimos atrapados en nuestro sueño
Lo siento, Casandra, no creí
Tú realmente tenías el poder
Sólo lo vi como los sueños que tú tejerías
hasta la hora final

Lo siento, Casandra
Lo siento, Casandra

Y aquí dejo el vídeo: