viernes, 19 de diciembre de 2008

Sandro Botticelli y la mitología

En prácticamente todos los artículos de este blog he tratado de incluir alguna obra artística directamente relacionada con la leyenda en cuestión, tratando de mostrar la manera en la que los motivos de la mitología grecolatina perviven en la pintura y la escultura posteriores.

Hallamos ejemplos de esto en el Renacimiento, Barroco, Clasicismo, Romanticismo, Neoclasicismo, etc. Hoy me gustaría compartir con ustedes un par de vídeos acerca de dos obras de Sandro Botticelli (pintor renacentista italiano); en ellos se analizan los rasgos mitológicos de estas pinturas.


Acerca de La primavera:



Acerca de El nacimiento de Venus:


miércoles, 17 de diciembre de 2008

Premio Blog Dorado

Aunque con dos días de retraso, desearía agradecer a Morgana, del interesante blog Ávalon, la entrega del Premio Blog Dorado a esta bitácora.



De la misma manera, me corresponde otorgar a mí el premio y, pese a que nunca me ha agradado realizar selecciones, citaré seis blogs que me maravillan, no sin antes advertir al lector que no se trata de los únicos que me resultan sumamente interesantes (para conocerlos, consultar mi
Blogroll o la lista de las bitácoras que sigo):

El Arte del Arte
, porque el arte es algo sublime, a través de lo cual a lo largo de la historia los seres humanos nos hemos expresado de innumerables formas, siempre con un ideal estético de fondo.
El Llano Galvín, porque en esta bitácora hallan cabida desde fragmentos de textos filosóficos del siglo
XIX hasta referencias a los muebles romanos hallados en Pompeya. Se trata de una bitácora donde adquirir no pocos conceptos.
Homo Bonus Peritus Dicendi, porque me impresionan sinceramente los maravillosos artículos de este blogger. Aunque a menudo suelo fijarme un tanto más en aquellos que se refieren a textos clásicos, sus traducciones y comentarios de otros fragmentos latinos también me agradan.
Sententiae Discipulorum, porque, como estudiante de latín, admiro y agradezco la labor de estos cuatro
bloggers, que escriben en la hermosa lengua del Imperio Romano todo tipo de textos, desde reseñas de películas hasta recetas de cocina.
Filohelenismo, porque, aunque yo sea una verdadera
filorromana, también amo la cultura helénica y disfruto de lo lindo con los textos de esta bitácora, tanto aquellos que nos hablan de Artistóteles como otros que se refieren a canciones en griego moderno.
Mar Nahar, porque en este blog se plasman de una manera admirable diferentes aspectos de la vida y la cultura -pretérita y no tan lejana en el tiempo- orientales. Pese a que reconozco que suelo leer más acerca de la civilización occidental, me resultaría muy triste no interesarme -y no recomendar a mis lectores- un blog tan rico en datos como éste.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Apolo y Cipariso

Otro de los amados de Apolo cuyo destino puede calificarse de trágico fue Cipariso, un muchacho procedente de Quíos, del que el dios se enamoró perdidamente. Sin embargo, cuando Apolo regaló al joven una jabalina para que se iniciase en la caza (lo cual se vincula con los ritos de transición a la vida adulta), el chico acabó con la vida de un ciervo al que tenía mucho cariño, tras lo que suplicó a su amante que le permitiese llorar por siempre la muerte del animal. La divinidad, aunque llena de dolor por perder a quien tan ardientemente quería, convirtió a Cipariso en un ciprés (cabe resaltar que este árbol se vinculaba con la muerte y el luto en la civilización grecolatina).



Ovidio narra de esta manera el mito en sus Metamorfosis:

"Había un colina y sobre la colina una extensión
muy llana de campo, en la que verdeaban matas de césped.
La sombra faltaba en el lugar, después que se sentó en esta parte
el poeta nacido de dioses e hizo vibrar sus cuerdas sonoras,
vino la sombra al lugar; no faltó el árbol de Caón,
no el bosque de las Helíades, no la encina de altas hojas,
ni los tiernos tilos, ni el haya y el virginal laurel
y los frágiles avellanos, el fresno útil para las lanzas,
el abeto sin nudos, la encina curvada por las bellotas,
el agradable plátano, el arce de variados colores,
y junto a ellos los sauces habitantes del río, el loto acuático,
el boj siempre verdeante, los finos tamariscos,
el mirto bicolor y la higuera azulada por sus bayas.
También vinisteis vosotras, flexibles hiedras, y junto a vosotras
las vides con sus pámpanos, los olmos cubiertos de vides,
los fresnos, los pinos, el madroño cargado de un fruto rojo,
las palmas flexibles, premios del vencedor,
el pino recogido en sus ramas y de erizada copa, grato
a la madre de los dioses, puesto que Atis, amado por Cibeles,
se despojó aquí del hombre y se endureció aquel tronco.

Acompañó a esta multitud el ciprés que imita formas cónicas
árbol ahora, joven antes amado por aquel dios
que templa la cítara con las cuerdas y con las cuerdas el arco.
En efecto, había un enorme ciervo, sagrado para las Ninfas
que viven en los campos de Cartea, el cual con sus cuernas
anchísimas proporcionaba a su propia cabeza espesa sombra;
sus cuernos brillaban de oro y de su redondo cuello colgaban
collares de piedras preciosas que bajaban hasta sus lomos;
sobre la frente un medallón de plata atado con pequeñas correas
y de similar edad que él se movía; desde las orejas
brillaban perlas alrededor de las huecas sienes.
El ciervo, libre de temor y sin su natural timidez,
solía frecuentar las casas y ofrecer su cuello
para que lo acariciaran, incluso a manos desconocidas.
Pero con todo antes que a otros te era grato a ti Cipariso,
el más hermoso del pueblo de Ceos. Tú llevabas al ciervo
a nuevos pastos, tú al agua de una fuente cristalina,
tú, o entrelazabas flores variadas en sus cuernos,
o montado como jinete en la grupa alegre dirigías
por todos lados su tierna boca con riendas de púrpura.
Era verano y mediodía, y con el calor del sol
hervían las curvas pinzas del ribereño Cáncer:
cansado el ciervo puso su cuerpo en la hermosa tierra
y de la sombra de los árboles lograba fresco.
A éste el joven Cipariso lo traspasó, por equivocación,
con una afilada jabalina y, al verlo agonizar por la cruel herida,
decidió que quería morir. ¡Qué consuelo no le dio Febo
advirtiéndolo que lo sintiera ligeramente y según la pérdida!
Gimió aquel sin embargo pidiendo como último regalo
a los dioses el poder estar de luto siempre.
Y en cuanto la sangre se hubo consumido en incontables
llantos, sus miembros empezaron a volverse de color verde
y los cabellos, que hacía poco colgaban de su nívea frente, a
convertirse en rizada cabellera y, volviéndose rígido,
a contemplar el cielo estrellado desde su grácil copa.
Lloró y dijo con tristeza: 'Llevaré luto por ti,
tú lo llevarás por los demás y les acompañarás en su dolor'.

A tal bosque había congregado el poeta, y estaba sentado
en el centro de una reunión de fieras y una multitud de aves;
después de tantear suficientemente con el pulgar las cuerdas
que rasgaba y percibir que estaba afinando los diferentes
acordes, aunque sonaran distintos, entonó la siguiente canción [...]".

(I) Estatua en la que vemos a Cipariso y al ciervo.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Apolo y Dafne

Los amores de Apolo fueron por regla general sumamente trágicos; concluyeron con la muerte o el abandono sin remedio del ser amado y la gran desdicha del dios a causa de esto. Hace unos cuantos meses me refería al joven espartano Jacinto y a su relación con la hermosa divinidad; hoy será protagonista del artículo la bella Dafne, personaje de una de las leyendas más célebres en relación a Apolo.


El origen de este suceso hemos de buscarlo en una disputa entre Eros y Apolo, a juzgar por lo que poetas como Ovidio nos cuentan. Parece ser que el travieso y a veces vengativo dios del amor, deseando hacer sufrir a Apolo, disparó una flecha dorada al dios, que se enamoró perdidamente de una joven ninfa llamada Dafne. Todo hubiera seguido un curso favorable de no ser porque Eros apuntó también al corazón de Dafne, mas haciendo impactar en esta ocasión una flecha de plomo.

De este modo, Apolo sintió una repentina e irreflenable pasión por la muchacha y corrió tras ella suplicándole que le concediese su amor. Dafne, que no sentía más que repulsión y odio hacia el dios a causa de la flecha de Eros, trató de huir. Ambos corrieron largo trecho hasta que, cuando la joven se dio cuenta de que estaba a punto de caer en manos de Apolo, suplicó ayuda a Zeus, que la convirtió en un laurel.

Apolo se vio obligado a asistir a la transformación de su amada en un árbol, sin que pudiese hacer nada. Por mucho que se abrazase al tronco o acariciase una y otra vez la hojas, la bella Dafne nunca volvería a ser una muchacha. Por ello, el dios arrancó una rama y trenzó con ella una corona de laurel, a partir de entonces símbolo de la divinidad.

El mito de Apolo y Dafne ha sido frecuentemente representado en el arte de distintos períodos, desde los frescos desde la antigua Pompeya hasta el arte conceptual del siglo XX, simbolista y cercano a la abstracción.

El poeta romano Ovidio incluyó este hermoso mito en su obra
Metamorfosis; de hecho, se trata de una de las leyendas más célebres de las incluidas en esta obra. Dejo aquí un fragmento:

Del que más iba a hablar con tímida carrera la Peneia
huye, y con él mismo sus palabras inconclusas deja atrás,
entonces también pareciendo hermosa; desnudaban su cuerpo los vientos,
y las brisas a su encuentro hacían vibrar sus ropas, contrarias a ellas,
y leve el aura atrás daba, empujándolos, sus cabellos,
y se acreció su hermosura con la huida. Pero entonces no soporta más
perder sus ternuras el joven dios y, como aconsejaba
el propio amor, a tendido paso sigue sus plantas.
Como el perro en un vacío campo cuando una liebre, el galgo,
ve, y éste su presa con los pies busca, aquélla su salvación:
el uno, como que está al cogerla, ya, ya tenerla
espera, y con su extendido morro roza sus plantas;
la otra en la ignorancia está de si ha sido apresada, y de los propios
mordiscos se arranca y la boca que le toca atrás deja:
así el dios y la virgen; es él por la esperanza raudo, ella por el temor.
Aun así el que persigue, por las alas ayudado del amor,
más veloz es, y el descanso niega, y la espalda de la fugitiva
acecha, y sobre su pelo, esparcido por su cuello, alienta.
Sus fuerzas ya consumidas palideció ella y, vencida
por la fatiga de la rápida huida, contemplando las peneidas ondas:
“Préstame, padre”, dice, “ayuda; si las corrientes numen tenéis,
por la que demasiado he complacido, mutándola pierde mi figura.”
Apenas la plegaria acabó un entumecimiento pesado ocupa su organismo,
se ciñe de una tenue corteza su blando tórax,
en fronda sus pelos, en ramas sus brazos crecen,
el pie, hace poco tan veloz, con morosas raíces se prende,
su cara copa posee: permanece su nitor solo en ella.
A ésta también Febo la ama, y puesta en su madero su diestra
siente todavía trepidar bajo la nueva corteza su pecho,
y estrechando con sus brazos esas ramas, como a miembros,
besos da al leño; rehúye, aun así, sus besos el leño.
Al cual el dios: “Mas puesto que esposa mía no puedes ser,
el árbol serás, ciertamente”, dijo, “mío. Siempre te tendrán
a ti mi pelo, a ti mis cítaras, a ti, laurel, nuestras aljabas.
Tú a los generales lacios asistirás cuando su alegre voz
el triunfo cante, y divisen los Capitolios las largas pompas.
En las jambas augustas tú misma, fidelísisma guardiana,
ante sus puertas te apostarás, y la encina central guardarás,
y como mi cabeza es juvenil por sus intensos cabellos,
tú también perpetuos siempre lleva de la fronda los honores.”
Había acabado Peán: con sus recién hechas ramas la láurea
asiente y, como una cabeza, pareció agitar su copa.

(1) Escultura de Apolo y Dafne por Gian Lorenzo Bernini.

martes, 2 de diciembre de 2008

Flight of Icarus

Tras unos cuantos días sin publicar, cuelgo hoy una canción de Iron Maiden con el mismo tema de mi artículo anterior: la leyenda de Ícaro.

Flight of Icarus

As the sun breaks above the ground
An old man stands on the hill
As the ground warms to the first rays of light
A birdsong shatters the still

His eyes are ablaze
See the madman in his gaze

Fly on your way like an eagle
Fly as high as the sun
On your wings like an eagle
Fly and touch the sun

Now the crowd breaks and a young boy appears
Look the old man in his eyes
As he spreads his wings and shouts at the crowd
'In the name of God my father I fly'

His eyes seem so glazed
As he flies on the wings of a dream
Now he knows his father betrayed
Now his wings burn to ashes to ashes his grave

Fly on your way like an eagle
Fly as high as the sun
On your wings like an eagle
Fly and touch the sun

El vuelo de Ícaro

Mientras el sol surge de la tierra
Un anciano permanece en la colina
Mientras la tierra se calienta con los primeros rayos de luz
Una canción alada hace pedazos la quietud

Sus ojos llamean
Contempla la locura en su mirada [la mirada del loco]

Vuela siguiendo tu rumbo como un águila
Vuela tan alto como el sol
Con tus alas, como un águila
Vula hasta tocar el sol

Ahora la muchedumbre se abre y aparece un muchacho
Mira al anciano en sus ojos
Mientras extiende sus alas y grita a la multitud
'Vuelo en nombre de Dios, mi padre'

Sus ojos parecen tan vidriosos
Mientras vuela en las alas de un sueño
Ahora conoce a su padre engañado
Ahora sus alas arden y se convierten en cenizas para su sepultura

Vuela siguiendo tu rumbo como un águila
Vuela tan alto como el sol
Con tus alas, como un águila
Vuela hasta tocar el sol