sábado, 18 de octubre de 2008

Una aproximación al conflicto

Mencionaba en el artículo anterior las causas de la Guerra de Troya y la manera en la que distintos líderes y guerreros se dirigieron a la de Ilión con el propósito de recuperar a Helena. La muchacha, por su parte, fue acogida por la corte de Troya, aunque podemos suponer que no todos los nobles y cortesanos se hallaban de acuerdo con la actuación de Paris, y mucho menos con la peligrosa presencia de la joven en la ciudad.


El conflicto entre aqueos y troyanos se extendió a lo largo de diez años, en los cuales hubo bajas en ambos bandos, pero ninguna derrota significativa hasta llegar a los últimos meses. La narración de la guerra gira en torno a figuras tan importantes como la de Agamenón -poderoso rey de Micenas y hermano del agraviado Menelao-o la de Odiseo -soberano de Ítaca-. Acerca de ellos no me parece adecuado extenderme ahora, sino dedicarles unos cuantos artículos a posteriori, con el fin de, en lugar de elaborar un breve esbozo, proporcionar al lector todos los datos que puedan interesarle. ¡Quedo por tanto comprometida a escribirlos!

Hace unos cuantos posts, me refería al primer canto de la Ilíada, el que se inicia con las celebérrimas palabras "Canta, ¡oh, musa!, la cólera del Pelida Aquiles". Esto me da pie a comentar que la Ilíada de Homero, contrariamente a lo que un no iniciado en los placeres de la literatura clásica podría pensar, no comienza con una descripción de las causas de la Guerra de Troya, sino que Homero nos sitúa ya en un momento del conflicto: la furia de Aquiles al serle
arrebatada su cautiva. Me parece adecuado partir de este punto de la historia y seguir el texto homérico.

En los siguientes cantos, se narran episodios de interés como puede ser la propuesta de Agamenón a sus tropas, sugiriéndoles el regreso a casa con la intención de probar su lealtad. Por su parte, entre los troyanos el ambiente comenzaba a enrarecerse y algunos comenzaban ya a protestar por el peligro que significaba tener a Helena en la ciudad. Paris se decidió a hacer un alarde de valor retando a Menelao a un combate singular, proponiéndole que el que venciese se quedaría con la joven. Paris fue vencido por el rey espartano, pero la diosa Afrodita lo salvó de la muerte. A lo largo de los siguientes meses se sucedieron los enfrentamientos, tanto en forma de nuevos combates singulares (por ejemplo, el del príncipe troyano Héctor y el aqueo Áyax) como entre ambos ejércitos, cobrándose la muerte de muchos y muy valientes combatientes.


Sin embargo, el ejército aqueo pronto se dio cuenta de que sin la presencia del gran guerrero Aquiles en el campo de batalla, era muy probable que los troyanos terminasen por declararse vencedores. Una serie de acontecimientos propició el envío de una embajada formada por Fénix y Odiseo, además de otros importantes guerreros, al lugar donde se hallaba el Pelida. Desgraciadamente, Aquiles se negó a sumarse de nuevo al combate. Entretanto, los guerreros aqueos y troyanos dejaron su huella en la epopeya homérica: Teucro, arquero, causó numerosas bajas entre los troyanos; el ilíada Dolón fue soprendido por un grupo de espionaje griego y ejecutado; sobrevino la muerte de los tracios y del rey Reso; Macaón y Eurípilo resultaron heridos por las certeras flechas de Paris; todo ello en el contexto de la continua batalla en las zonas cercanas a Troya. Al mismo tiempo, también guerreaban los dioses que se habían posicionado a favor o en contra de un determinado bando, ayudando o perjudicando a los humanos según su capricho.

Ante la insistente negativa de Aquiles a sumarse al combate, el íntimo amigo y compañero del guerrero, Patroclo, pidió a éste permiso para ponerse la armadura del Pelida después de que Héctor y su ejército incendiasen una de las naves aqueas, confiados a causa la ausencia de Aquiles. Aunque preocupado, el hijo de Tetis accedió y Patroclo partió a la batalla en el carro de su compañero. Sembró el pánico entre las filas de troyanos, llegando a matar al rey de Lidia -hijo de Zeus, además-, pero fue herido por el guerreo Euforbo, tras lo que el príncipe Héctor se acercó para arrebatarle la vida. Inmediatamente, los troyanos trataron de hacerse con la armadura que portaba Patroclo para conservarla como un signo de victoria, y en torno al cadáver se libró un verdadero combate. Aunque los aqueos no lograron conservar la armadura, sí fueron capaces de rescatar el cuerpo sin vida del joven guerrero, y Menelao consiguió matar a Euforbo. Los griegos llevaron el cadáver de Patroclo al campamento y se lo entregaron a Aquiles, el cual se sumió en un estado de profunda tristeza. Su madre, Tetis, pidió al dios Hefesto que le fabricase una nueva armadura, a lo que el divino herrero accedió, y Agamenón logró reconciliarse finalmente con el Pelida, al que devolvió el botín que le había arrebatado.


Zeus permitió poco después a los dioses intervenir de nuevo en la batalla, lo que decidió el curso de un combate entre Aquiles y Eneas, en el que éste último fue salvado por Poseidón. El Pelida luchó con denuedo y mató a numerosos troyanos en los siguientes días, tras lo cual pudo enfrentarse a aquel con cuya vida deseaba acabar para vengar la muerte de Patroclo: el príncipe troyano Héctor. Se enfrentaron en combate singular, del que Héctor trató de huir, siendo confundido por la diosa Atenea, que le hizo ver que su hermano Deífobo acudía a auxiliarlo, lo que no era cierto. Aquiles lo mató y, en lugar de entregar el cadáver para que fuese adecuadamente incinerado y pudiese viajar al Hades, lo ató a su carro y lo arrastró dando varias vueltas a la ciudadde Ilión, tras lo que regresó al campamento griego e hizo lo propio en torno a la pira funeraria de Patroclo. Tan solo las desgarradas súplicas del rey Príamo, que acudió clandestinamente a la tienda de Aquiles, lograron que el héroe devolviese el cuerpo a Troya y decretase una tregua de cerca de doce días para que recibiese las exequias fúnebres. A partir de entonces se reanudarían los combates y llegaría, al fin, la esperada caída de la ciudad, que Homero no describe en su Ilíada.

(I) La cólera de Aquiles en un cuadro de Tiépolo
(II) Escultura contemporánea de Teucro.
(III) Regreso del cuerpo de Héctor a Troya en un sarcófago romano.

4 comentarios:

Xose dijo...

herodotosA mí me sigue pareciendo fascinante no sólo la historia, sino las interconexiones de la historia, de cómo a través de la Guerra de Troya podemos asomarnos a toda la mitología griega, a toda la épica, la tragedia, la lírica coral...
Un saludo y un gran abrazo

M@riel dijo...

La riqueza de la leyenda y todo lo vinculado con ella es realmente maravillosa. A mí me parece un tema difícil de abarcar, por lo que con estos primeros artículos estoy tratando de publicar un breve esbozo, para después incluir las referencias a los textos literarios y a los personajes concretos, así como a los mitos derivados. Me llama también la atención el hecho de que se trate, con mucho, de la historia de la mitología más conocida actualmente, acerca de la cual existen numerosas manifestaciones modernas de todo tipo, más o menos acertadas. Saludos.

El Arte del Arte dijo...

Me tengo que leer con calma los articulos ya que soy una apasionada de la mitologia grecorromana (mejor dicho de la iconografia que nos proporcionan los mitos clasicos)
Me imagino que ya debes conocer la publicación pero bueno ahi va mi suuggerencia... exisite un diccionario de mitologia de Falcón Martinez. son dos volumenes de tamaño de bolsillo y muy economicos. A mi para la carrera y sobretodo para las asignaturas de arte antiguo y ya te deigo, sobretodo las de iconografia me ha ido de maravilla. Puede que te vaya bien... te dejo un link para que puedas verlo ;) http://www.casadellibro.com/libros/falcon-martinez-constantino/falcon2martinez32constantino
Mil besazos y nos vamos leyendo

M@riel dijo...

Hola, Gloria:

Conocía ya la publicación que me propones, pero te agradezco igualmente la recomendación. ¡Para una enamorada de los libros y la cultura todo es poco! Espero que disfrutes con la lectura del blog; estoy abierta a las sugerencias y correcciones que se te ocurran. Un abrazo.