martes, 14 de octubre de 2008

Canta, ¡oh, musa!, la cólera del Pelida Aquiles

"Canta, oh musa, la cólera del Pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves —se cumplía la voluntad de Zeus—desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres, y el divino Aquiles.

¿Cuál de los dioses promovió entre ellos la contienda para que pelearan? El hijo de Zeus y de Leto. Airado con el rey, suscitó en el ejército maligna peste y los hombres perecían por el ultraje que el Atrida infiriera al sacerdote Crises.

Este, deseando redimir a su hija, se había presentado en las veleras naves aqueas con un inmenso rescate y las ínfulas del flechador Apolo que pendían de áureo cetro, en la mano; y a todos los aqueos, y particularmente a los dos Atridas, caudillos de pueblos, así les suplicaba:

'¡Atridas y demás aqueos de hermosas grebas! Los dioses, que poseen olímpicos palacios, os permitan destruir la ciudad de Príamo y regresar felizmente a la patria. Poned en libertad a mi hija y recibid el rescate, venerando al hijo de Zeus, al flechador Apolo'.

Todos los aqueos aprobaron a voces que se respetase al sacerdote y se admitiera el espléndido rescate: mas el Atrida Agamemnón, a quien no plugo el acuerdo, le mandó en mala hora con amenazador lenguaje:

'Que yo no te encuentre, anciano, cerca de las cóncavas naves, ya porque demores tu partida, ya porque vuelvas luego; pues quizás no te valgan el cetro y las ínfulas del dios. A aquélla no la soltaré; antes le sobrevendrá la vejez en mi casa, en Argos, lejos de su patria, trabajando en el telar y compartiendo mi lecho. Pero vete; no me irrites, para que puedas irte sano y salvo'.

Así dijo. El anciano sintió temor y obedeció el mandato. Sin despegar los labios, se fue por la orilla del estruendoso mar, y en tanto se alejaba, dirigía muchos ruegos al soberano Apolo, hijo de Leto, la de hermosa cabellera:

'¡Oyeme, tú que llevas arco de plata, proteges a Crisa y a la divina Cila, e imperas en Ténedos poderosamente! ¡Oh Esmintio! Si alguna vez adorné tu gracioso templo o quemé en tu honor pingües muslos de toros o de cabras, cúmpleme este voto: ¡Paguen los dánaos mis lágrimas con tus flechas!'

Tal fue su plegaria. La oyó Febo Apolo, e, irritado en su corazón, descendió de las cumbres del Olimpo con el arco y el cerrado carcaj en los hombros; las saetas resonaron sobre la espalda del enojado dios, cuando comenzó a moverse. Iba parecido a la noche. Se sentó lejos de las naves, tiró una flecha, y el arco de plata dio un terrible chasquido. Al principio el dios disparaba contra los mulos y los ágiles perros; mas luego dirigió sus mortíferas saetas a los hombres, y continuamente ardían muchas piras de cadáveres.

Durante nueve días volaron por el ejército las flechas del dios. En el décimo, Aquiles convocó al pueblo a junta: se lo puso en el corazón Hera, la diosa de los níveos brazos, que se interesaba por los dánaos, a quienes veía morir. Acudieron éstos y, una vez reunidos, Aquiles, el de los pies ligeros, se levantó y dijo:

'¡Atrida! Creo que tendremos que volver atrás, yendo otra vez errantes, si escapamos de la muerte; pues si no, la guerra y la peste unidas acabarán con los aqueos. Mas, ea, consultemos a un adivino, sacerdote o intérprete de sueños —también el sueño procede de Zeus— para que nos diga por qué se irritó tanto Febo Apolo: si está quejoso con motivo de algún voto o hecatombe, y si quemando en su obsequio grasa de corderos y de cabras escogidas, querrá apartar de nosotros la peste".

De esta manera da inicio el poeta Homero a su extensa epopeya llamada Ilíada, mundialmente conocida, en la que refleja la Guerra de Troya, estremeciendo y emocionado aún a los actuales lectores con versos tan hermosos como los de su último canto, en el que el rey Príamo suplica a Aquiles la devolución del cadáver de su hijo Héctor. Pero no adelantemos los acontecimientos.

Hoy cuelgo un fragmento del primer canto de la epopeya (en total son veinticuatro). En él no se nos explican las causas de la Guerra de Troya, ni siquiera se narra el comienzo de la misma. Homero nos inicia en esta fascinante leyenda en el momento en el que el padre de Criseida, la joven cautiva de Agamenón, suplica la devolución de la muchacha y, al negarse el rey aqueo, acude a Apolo, el cual asola con la peste el ejército griego hasta que, siguiendo los vaticinios del adivino Calcante, la chica es entregada de nuevo a su progenitor. Sin embargo, el enfurecido Agamenón no se conforma con la pérdida del botín de guerra y arrebata a Aquiles la esclava Briseida. Los motivos de la cólera del héroe son palpables; llega ésta a tal punto que Aquiles se niega a participar en la batalla y se retira a las naves, no cediendo en su empeño de no volver a la lucha a lo largo de un considerable período de tiempo.

(I) Aquiles en un relieve de corte clásico.

7 comentarios:

El llano Galvín dijo...

Qué poética es la relación que hacían los antiguos entre las saetas de Apolo y la enfermedad. Y qué maravilla de libro es la Ilíada, con lo importante que ha sido durante tantos siglos y lo injustamente olvidada que está hoy día. Un saludo!!!!

M@riel dijo...

Es una pena, ciertamente, aunque la Ilíada no es uno de los textos clásicos más perjudicados en este sentido. Sin embargo, yo creo que el gran problema en relación a estas grandes obras de Homero no es tanto que no sean conocidas -al fin y al cabo, la mayor parte de la población ha oído hablar de ellas-, sino que el número de lectores que descubre la poesía y la belleza que estos textos encierran es cada vez menor. ¡Un saludo!

El llano Galvín dijo...

Sí claro tienes razón. Son obras mundialmente conocidas pero el tipo de lectura ya no es del gusto contemporáneo y la gran mayoría del público tiene una visión un tanto equivocada, sobre todo los que lo conocen a través del cine.

M@riel dijo...

En especial después de lo que Hollywood ha hecho con historias tan grandes como la de la Guerra de Troya, cambiando el argumento de una leyenda que tiene milenios denatigüedad a su antojo y eliminando el espíritu de la Ilíada en un intento de hacerla más comercial. Saludos.

Román dijo...

¡Cuánta belleza, Mariel Gracias por ofrecérnosla a todos cuantos nos acercamos a leer tus entradas. Nos haces revivir la fe en que prevalezcan las raíces de nuestra cultura, hoy tan amenazadas. Nada mejor que el canto primero de la Ilíada para ello, y nada mejor que alguien que parece tan joven como tú lo cuelgue de su bloc, aunando poesía sublime antigua y nodernos medios técnicos para servirla.

Permíteme un cariñoso recuerdo a mi profesor de latín, el señor Cano, que en las clases de literatura que nos impartía a estudiantes de bachillerato nocturno del plan de 1957 que, a la salida de nuestro trabajo, acudíamos a instruirnos nos inculcaba el amor a letras que algunos ya habíamos recibido previamente en el hogar.

Hablándonos de la Ilíada quería fijar en nuestras mentes el mínimo conocimiento a quienes sabía que en los años venideros no volverían ya a esas fuentes, a la vez que abrirnos el camino afianzando nuestra fe, a quienes seguiríamos amándolas la vida entera. Su treta era la siguiente. Decía así, el querido profesor:

Eso es lo que debéis recordar, para responder a la pregunta que se os pueda formular en el examen ¿De qué trata la Iliada? Debeis responder simplemente: De la cólera de Aquiles. Y luego, continuaba:

Y eso es así, porque en el Canto Primero que la inicia dice Homero:

“Canta, Oh Diosa, la cólera del Pelida Aquiles. Cólera funesta que causó infinitos males …”

Luego analizaba el maravilloso uso de adjetivos y aposiciones plantando así en las jóvenes mentes de quienes tenían la sensibilidad necesaria para seguirle la semilla de las sensaciones inefables que despierta la literatura digna de tal nombre.

Marcel Proust, en ese prodigio de estética que es su “Recherche”, ironiza con la parodia del uso de adjetivos “a lo clásico” para destacar a quienes lo utilizaban en broma con el desenfado de los pocos años, aplicándolo a las descripciones de los hechos diarios, como ejemplo de que “el judío Bloch y su familia tan vulgar” carecían del buen gusto y refinamiento necesarios para aplicar con mejor fin tan bello lenguaje homérico:

¿Querido maestro y Vos, caballero amado de Ares, de Saint-Loup-en –Bray, dominador de caballos, porque caballero os vi, esta mañana, cabe la Ribera de Anfitrite, toda resonante de espumas, cerca de las tiendas de los Meunier, los de las veloces naves, querréis ambos venir a almorzar, un día entre semana, a la mansión de mi padre, el del corazón irreprochable?

¡Ya quisiéramos hoy que las bromas de los homólogos de Bloch de ahora mismo mostrasen tan a lo vivo que leen a nuestros clásicos, no te parece, querida Mariel?
Pero esto no puede ser, entre otras cosas, porque el mal empezó ya en los lejanos días en que cursaba yo mi bachillerato del plan de 1957. Éste aun conservaba algo de latín, aunque ya no en cada curso desde primero, como el del plan del 39 que cursó mi prima Montse, solo dos años mayor que yo, ni mucho menos el griego del que ella hizo, si mal no recuerdo dos cursos.

No hace tantos años que se abandonó, dejándola solo a especialistas, la enseñanza de la cultura clásica, con el desastroso resultado que hoy podemos constatar. Me viene ahora a la mente el caso de Freud, conocedor de griego y latín, quien, cuando se hizo la traducción española de sus obras completas, pudo escribirle al editor en castellano, para copntarle que en su juventud leía el Quijote con un amigo de estudios.

Los científicos de hasta el primer tercio del siglo recién concluido tenían una amplia formación clásica.

Quiera Dios conservarnos nuestras raíces para que sigamos siendo dignos sucesores occidentales de nuestros antepasados., aunque para ello, Dios no lo quiera, tuvieramos que repetir lo que en palabras de nuestro glorioso manco fue “la mayor ocasión que vieron los siglos”

M@riel dijo...

Hola, Román:

Ha sido toda una sopresa -muy grata, por cierto- encontrar hoy este nutrido e interesante comentario acerca del tema tratado en la entrada, acompañado de tan acertada reflexión.
Un saludo.

Anónimo dijo...

Hola, me ha gustado mucho encontrame con tu blog. He creado un grupo en facebook dedicado al griego clásico, ¿te importaría si recomiendo tu blog? suerte y ánimo, que las musas te acompañen y te aconsejen