sábado, 27 de septiembre de 2008

Cástor y Pólux, los Dióscuros

En el artículo anterior narraba yo la leyenda de la hermosa Leda, seducida por Zeus convertido en cisne, e incluía los nombres de sus cuatro descendientes: Helena, Clitemnestra, Cástor y Pólux. Me referiré ahora a estos dos últimos. Acerca de la leyenda de estos dos hermanos existen múltiples versiones. Se les suele conocer como los Dióscuros, lo que alude a su condición de hijos de Zeus, pero en la narración más conocida tan solo uno de ellos -Pólux según la tradición- era vástago del soberano de los dioses, mientras que Cástor descendía de Tindáreo, que había copulado con Leda poco después de que ésa se uniese a Zeus.


De un modo u otro, Cástor y Pólux se hallaban muy unidos y, según parece, se querían mutuamente con un amor fraternal inmenso. Destacaban por sus habilidades físicas: uno de ellos era un consumado jinete y el otro un experto en pugilato que, en algunas narraciones, sentó las bases del deporte en cuestión. Su fama como atletas se extendió con rapidez y eran ampliamente reconocidos.


Acometieron diversas empresas, de las cuales comentaré tan solo tres de ellas. Una de las más célebres fue el secuestro de sus dos primas, Hilaira y Febe, las hijas de Leucipo. Éstas ya habían sido entregadas en matrimonio, pero Cástor y Pólux, enamorados de ellas, no dudaron a la hora de raptarlas, lo que les valió la enemistad -bastante justificada- del padre de las muchachas.

Además de ello, sería necesario recordar un momento de la vida de su hermana Helena de Troya que recurrió su intervención. Cuando ésta era solo una jovencita en la que ya se manifestaba su gran hermosura, Pirítoo y Teseo concibieron la idea de secuestrarla. Así pues, cuando ella se encontraba en un bosque consagrado a Artemisa realizando un sacrificio, los dos hombres, violando toda idea de lo sacro y lo religioso, se la llevaron por la fuerza y, a continuación, la sortearon, quedándose con ella Teseo. El rey de Atenas se dirigió victorioso a su ciudad que, para su sorpresa, no se tomó a bien el rapto de la muchacha y le impidió la entrada. Por ello, Teseo se la dejó con su madre Etra y acompañó a su amigo Pirítoo a cometer un nuevo sacrilegio: descender al Inframundo y llevarse a la misma esposa de Hades, Perséfone, para que Pirítoo pudiese convetirla en su esposa. Y es aquí donde intervinieron Cástor y Póluz, que, enfurecidos por lo sucedido a su hermana, se apresuraron a rescatarla y a esclavizar a la madre de Peseo, Etra.

Por otra parte, cuano Jasón emprendió junto a los Argonautas -entre los que se hallaban algunos personajes importantes como Heracles- la expedición en busca del vellocino de oro, los dos hermanos no se negaron a acompañarlo y, durante el transcurso de la misma, Pólux hizo gala de sus amplias dotes como pugilista, llegando a matar en medio de un combate a un soberano.

Sin embargo, los Dióscuros no vivirían esta la vejez. Existen dos versiones del mito: en una de ellas Cástor resultó muerto durante la expedición en busca del vellocino de oro y, en el otro, tras el rapto de sus dos primas. El joven hijo de Leda lo era también de Tindáreo y, a causa de esto, no gozaba de la inmortalidad. Pólux, por tanto, estaba condenado a contemplar morir a su hermano, para después vivir eternamente mientras el alma de Cástor permanecía en el Hades. Tomó entonces una decisión que nos da una verdadera lección de amor fraternal: suplicó a su padre Zeus que le permitiese compartir su inmortalidad con Cástor. De esta manera, mientras uno de los hermanos permanecía en el Hades, el otro ocupaba el puesto de divinidad.

A ambos se les rindió culto en Grecia y en Roma (en el Foro de esta última había un templo cuyos restos aún hoy pueden contemplarse). En la constitución de
Géminis -Gemelos- las dos estrellas más brillantes reciben el nombre de Cástor y Pólux, aunque Cástor en realidad es un conjunto de varios astros.



(I) Uno de los Dióscuros en la entrada de la Plaza del Campidoglio.
(II) Los Dióscuros secuestrando a las hijas de Leucipo en un cuadro de Peter Paul Rubens.
(III) Helena de Troya en un cuadro de Evelyn de Morgan.
(IV) Parte conservada del templo de Cástor y Pólux en el foro romano.

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