sábado, 27 de septiembre de 2008

Eros y Psique

Psique era la hermosa hija del rey de Anatolia, que vivía en el palacio junto a éste y a sus tres hermanas. Entre ellas la muchacha sobresalía como la más delicada y hermosa; hasta tal punto llegaba su belleza que las personas la adoraban como a una diosa y la comparaban con la misma Afrodita. La hermosa divinidad surgida de las aguas cercanas a Chipre, tan amable y compasiva ocasionalmente, se enfureció esta vez de un modo terrible. No tardó en mandar llamar a su hijo Eros, el eterno muchacho dios del amor y el deseo, al que ordenó provocar que Psique se enamorase del ser más horrendo posible.

Afrodita no pudo prever lo que sucedería a continuación. Nada más contemplar a la preciosa jovencita, Eros se enamoró perdidamente de ella y, por supuesto, no cumplió el encargo de su madre. Al contrario, comenzó a meditar acerca del modo en el que podría conseguir a la bella Psique.

La ocasión se le presentó prontamente. El padre de la muchacha buscaba desesperadamente marido para su hija y Eros envió un mensaje sin revelar su identidad, pero presentándose como un hombre deseoso de contraer matrimonio con Psique. Así pues, el rey de Anatolia accedió y, cumpliendo las condiciones impuestas por el desconocido pretendiente, hizo llevar a la jovencita hasta lo alto del monte que había indicado Eros. Allí permaneció, Psique, asustada y completamente ignorante de lo que sucedería, hasta que Céfiro, avisado por Eros, se presentó ante ella. El Viento le dijo que se arrojase por el abismo sin temor, pues él la sujetaría y la llevaría al palacio de su esposo. Psique, pensando quizá que no tendría nada que perder, se dejó caer. Céfiro la sostuvo y la llevó sin dañarla hasta la hermosísima mansión del hijo de Afrodita.


Es bastante sencillo imaginar el asombro y la confusión de Psique al entrar en aquella inmensa y lujosa residencia que, aparentemente, se hallaba completamente vacía. La joven princesa recorrió habitaciones de todo tipo y, cuando sintió hambre, encontró alimentos dispuestos sobre una mesa, que consumió tras tomar un baño en la sala que también había descubierto preparada para tal fin. Después de ello, y sin comprender todavía qué sucedía o dónde se encontraba su esposo, decidió acostarse y dormir un rato.


Sin embargo, cuando hubo apagado la lámpara, sintió que alguien se tendía junto a ella. Posiblemente se asustase, pero Eros le explicó que era su esposo y que no debía, por tanto, sentir miedo de él. Psique descubrió aquella noche el amor junto al propio dios del deseo y, poco antes de que amaneciese, el incansable y amoroso hijo de Afrodita le aclaró que iría a visitarla todas las noches, a condición de que durante el día ella no exigiese verlo ni intentase contemplarlo nunca. De esta manera, Psique debería conformarse con el tacto del cuerpo de su esposo en la oscuridad, sin poder ver su rostro, pues Eros aseguró que, de hacerlo, la abandonaría sin remedio.

Inicialmente, la enamorada muchacha aceptó con alegría las condiciones. En el palacio de Eros la servían seres incorpóreos de los que tan solo la voz se escuchaba y era libre de vagar por la gran casa, haciendo lo que quisiera. Por las noches, el dios del amor permanecía junto a ella y la complacía apasionadamente, pero Psique no tardó en comenzar a sentirse triste y aburrida. Por este motivo, suplicó a su esposo que permitiese a sus hermanas visitarla. Después de que la joven le rogase una y otra vez, Eros terminó por aceptar su petición. Psique recibió a sus hermanas y las agasajó con generosidad, narrándoles toda su historia con Eros. Lejos de alegrarse con ella, las tres envidiosas princesas decidieron que Psique no tenía derecho a aquella felicidad y se propusieron arrebatarle a Eros. Convencieron a la ingenua chica de que su marido no quería mostrarse ante ella por tener un aspecto monstruoso o, aún peor, por ser una verdadera bestia. Psique no quiso dar credibilidad a aquellas palabras, pero la duda la vencía y, cierta noche, cuando hubo verificado que Eros ya estaba dormido, encendió la lámpara de aceite e iluminó el cuerpo de su esposo. La imprensión fue tal al contemplar ante sí al propio dios del deseo que sus manos comenzaron a temblar y una gota de aceite hirviendo calló sobre el hombro de Eros, que se despertó y comprendió que Psique había incumplido el pacto. Inmediatamente, se alejó volando, dejando a la muchacha desolada.

Psique se sentía incapaz de vivir sin su amado esposo y emprendió su busca, esperando conseguir que regresase con ella. Por su parte, sus hermanas decidieron poner en práctica lo que Psique les había explicado acerca del modo en el que había llegado al palacio de Eros. El viento Céfiro no las recogió y ellas se precipitaron al vacío.

Psique vagó por el mundo y realizó diversas tareas, ayudando a diosas como Deméter, para proseguir su búsqueda de Eros, llegando al final al palacio de Afrodita, sin reconocerla. Ésta, enfurecida, la maltrató terriblemente, pero después se compadeció de ella y le propuso ayudarla a cambio del cumplimiento de cuatro empresas. La chica culminó con éxito las tres primeras (desgranar en una noche miles de espigas, esquilar a un rebaño de ovejas devoradoras de hombres y sacar agua de la laguna Estigia) gracias a la ayuda de Apolo.

La cuarta misión se reveló mucho más complicada: conseguir una jarra llena de la belleza de Perséfone, esposa de Hades durante los meses de invierno. Movida por su inmenso amor a Eros, Psique descendió al Inframundo y explicó su caso a la hija de Deméter que, compadecida, le entregó lo que necesitaba. Según una de las variantes del mito, la curiosa joven retiró la tapadera del recipiente, contraviniendo las indicaciones de Perséfone, y un sueño eterno la poseyó, separándola para siempre de Eros. En la versión más difundida, sin embargo, después de que esto sucediese los dioses se compadecieron de Psique. Eros regresó junto a ella y la joven se convirtió en diosa. De su unión nació Voluptas, cuyo nombre significa placer en latín.



El autor del siglo II Lucio Apuleyo dedica tres partes de su novela El asno de oro a la leyenda de Eros y Psique. Se trata de una de las principales fuentes por las que la conocemos. El relato es en extremo entretenido y recomendable. Coloco un enlace al texto clásico en el que se narra la leyenda:

Eros y Psique en El asno de oro


(I) Eros con Psique en brazos en un cuadro de William Adolphe Bouguereau.
(II) Céfiro transporta a Psique hasta la morada de Eros en un cuadro de Prud'hon.
(III) Detalle de una escultura de Eros y Psique.
(IV) Psique contempla al dormido Eros en una obra de Nicollas de Courteille.
(V) Eros encuentra a Psique dormida, momento reflejado en esta pintura de Van Dyck.