domingo, 10 de agosto de 2008

Perseo

En el artículo anterior me referí ya al descendiente de Dánae y Zeus, Perseo. Arrojado al mar con su madre en una caja y rescatado por unos pescadores, vivió hasta su juventud en el palacio de Polidectes, el cual pretendía cortejar a Dánae fingiendo interesarse por Hipodamía. Sin embargo, el joven no tardó en hacer honor a su sangre divina lanzándose a la aventura.

Posiblemente nadie creyó inicialmente a Perseo cuando afirmó que pensaba traer como regalo para Polidectes la cabeza de la gorgona Medusa. Se trataba no ya de una misión imposible, sino de una empresa suicida. Para Polidectes, sin embargo, se trataba de la ocasión ideal en la que al fin podría dejar de preocuparse por el único que protegía a Dánae de sus intentos de seducción. Perseo, asustado o no a causa del peligro, se dirigió presto a cumplir su promesa.

Es preciso comentar que las gorgonas eran descendientes de Forcis y Ceto. No resultaban agradables a la vista: cuerpos semejantes a los de los dragones y demás bestias con apariencia de reptil, serpientes en vez de cabellos, colmillos parecidos a los del jabalí y ojos de mirada muy penetrante... tan penetrante que convertía en piedra a todo aquel que las mirase. Las tres hermanas recibían el nombre de Medusa, Esteno y Euríale.

Perseo, como joven mortal que era, no podía calificarse de justo rival de aquellos monstruos, pero, ante semejante panorama, los dioses se decidieron a ayudarlo. El muchacho se encaminó entonces a ver a las grayas, tres hermanas que compartían un solo ojo y un solo diente. Perseo les arrebató amabas cosas y, dado que sin ellas no podían ver ni comer, se avinieron a razones y respondieron a sus preguntas acerca del lugar donde se hallaban las gorgonas, que (afortunadamente) no se encontraban en el territorio que habitaban los hombres.

El dios Hermes, posiblemente admirado del ingenio y la habilidad de su hermanastro Perseo, le prestó sus sandalias aladas y una espada imposible de romper. Atenea, siempre protectora de los héroes en cuyo bando se posicionaba, le cedió un escudo y un casco que serían clave a la hora de poder vencer a las tres hermanas.

Cubierto por tan importantes obsequios de los dioses, Perseo se dirigió al encuentro de las gorgonas, encontrándolas dormidas según algunas versiones. El valioso casco del que se le había hecho entrega lo convertía en invisible y, observando siempre con ayuda del bruñido metal del escudo, el joven pudo seleccionar al ser que deseaba matar: Medusa, por ser la única mortal de las tres hermanas. Se acercó sigilosamente a ella, le cortó la cabeza con la espada de Hermes y la guardó en su bolsa, evitando mirarla directamente pues conservaba su poder de convertir a los hombres en piedra.


Como era de suponer, esto despertó a Euríale y Esteno, que se decidieron a proteger a su hermana del atacante, aunque nada pudieron hacer mientras el invisible Perseo se alejaba volando mientras de la sangre de Medusa surgía el caballo también alado
Pegaso.

Si bien Perseo se disponía a regresar al reino de Polidectes directamente, mientras volaba sobre la costa descubrió a una hermosa muchacha desnuda y atada a una roca. Evidentemente, un joven valeroso y compasivo como este héroe no podía pasar de largo y, desde luego, no hizo tal cosa, en especial cuando observó que un monstruo marino la acechaba con intención de devorarla. Rescató a la jovencita y no tardó en enterarse de su historia: era Andrómeda, hija de los reyes de aquel lugar, Etiopía. Su madre, Casiopea, se había jactado de ser más hermosa que las Nereidas y éstas, furiosas, habían pedido a Poseidón que la castigase. Para ello, el dios había enviado un monstruo a asolar la costa del reino, exigiendo como tributo la vida de la hija de los regentes. Perseo se enamoró de la muchacha y pidió su mano al rey de Etiopía. Éste no pudo negar tal favor al salvador de su hija.

De esta manera, ya con su futura esposa, Perseo regresó al reino donde se hallaba su madre y se personó en el banqete que ofrecía Polidectes, diciéndole que, tal y como había prometido, había acabado con una gorgona. El monarca se rio de él y, en ese momento, el joven extrajo la cabeza de Medusa de su bolsa y la colocó frente a Polidectes, de modo que éste se convirtió en piedra.

Desgraciadamente para Perseo y para su abuelo, las profecías de los dioses solían cumplirse (ver artículo anterior, acerca de Dánae), por lo que el muchacho terminó matando accidentalmente a su familiar en una competición de lanzamiento de disco en Larisa. Se casó con Andrómeda y, según algunas leyendas, ambos se convirtieron en origen de la raza de los persas.

(1) Busto de una gorgona, posiblemente Medusa.
(2) Perseo con la cabeza de Medusa cortada en una mano y la espada en la otra en una escultura de tipo clásico.
(3) Cabeza cortada de Medusa en un cuadro barroco de Peter Paul Rubens.
(4) Perseo resctando a Andrómeda en un fresco hallado en una casa pompeyana durante las excavaciones.

No hay comentarios: