lunes, 23 de junio de 2008

Poseidón, soberano de las aguas

Derrocado ya Cronos por Zeus (a imagen de lo que el primero había hecho con su padre Urano), Poseidón, Zeus y Hades se reparten el universo, quedándose Poseidón con lo relativo a los mares y los océanos. Se ocupó de gobernarlos, provocando tempestades y calmas a placer (y, evidentemente, causando amplios estragos de cuando en cuando, especialmente a aquellos personajes que no terminaban de agradarle).
En algunas leyendas, se atribuye a Poseidón (Neptuno en la mitología romana) la paternidad de los Cíclopes (aunque, como ya ha sido citado, en otras éstos se suponen descendientes de Gea y Urano, lo que nos lleva a un período muy anterior). Uno de ellos tiene un papel destacado en el regreso a casa del pobre Odiseo: se trata de Polifemo.

Este cíclope no se comporta, precisamente, como un honrado huésped del viajero y sus acompañantes, puesto que devora a varios de los compañeros de Odiseo. De hecho, toda la expedición hubiera acabado en el estómago del cíclope de no haber sido por el ingenio de Odiseo, que se ocupó de emborrachar a Polifemo, cegarlo con un poste de madera afilado (recordemos que solo tenía un ojo) y escapar con sus compañeros escondidos bajo las ovejas del cíclope. El héroe terminó la faena burlándose del cíclope: cuando éste le preguntó su nombre, respondió diciendo que se llamaba "Nadie". De esta manera, Polifemo volvió con sus compañeros gritando algo parecido a "Nadie me ha cegado" o "Nadie me ha atacado", con la consiguiente hilaridad general. Odiseo debió de reírse a gusto mientras abandonaba la isla con sus compañeros.


Pero las risas le salieron caras al ingenioso héroe. El hijo de Poseidón corrió a ver a su padre que, como dios de las aguas, se ocupó con gran celo de dificultar aún más si cabe el regreso de Odiseo a Ítaca, que duró unos veinte años.

Ésta no es la única relación de Poseidón con la Guerra de Troya o con la misma ciudad. Este dios se hallaba muy en contra de esta urbe. Todo comenzó cuando él y Apolo fueron obligados a servir al rey Laomedonte, que desconocía su naturaleza divina. Apolo se ocupaba de apacentar los rebaños troyanos, mientras que Poseidón edificaba la célebre muralla de Ilión (lo que la convertiría en prácticamente inexpugnable). Sin embargo, el avaricioso Laomedonte se negó a pagarles terminado ya el trabajo.

Apolo enterró rápidamente su odio y, de hecho, se posicionó a favor de Troya durante la guerra, pero Poseidón estaba demasiado furioso. Por ello, envió un monstruo a que asolase las cercanías de Troya y causase destrozos, exigiendo el sacrificio de la hija de Laomedonte, Hesíone, para aplacar a la bestia. El rey no sabía qué hacer: por una parte, no deseaba entregar a su hija a aquella monstruosa criatura pero, como soberano, tampoco podía dejar que su ciudad y sus ciudadanos viesen su fin. La solución llegó como caída del cielo. Heracles acertó a personarse en Ilión y ofrecerse a terminar con el monstruo, exigiendo como pago los dos caballos divinos de Troya (aquellos que Zeus había entregado al soberano Ilo a cambio del adolescente Ganimedes, hermoso hijo de este rey). Laomedonte, desesperado, aceptó, pero, a la hora de la verdad, volvió a hacer gala de una inconmensurable tacañería y se negó a entregar lo acordado.

Heracles se enfureció y, pasado un tiempo, regresó con un pequeño ejército, saqueando la ciudad. Entregó a Hesíone en matrimonio a uno de sus amigos, el guerrero Telamón y, en buena parte para aplacer la tristeza de la novia, le ofreció salvar de la esclavitud al prisionero que ella eligiese. La joven seleccionó a su hermano Podarces, un muchacho en aquel entonces, único superviviente de la casa real. Heracles, a pesar de hallarse un tanto contrariado ante la idea de permitir que un miembro de la familia real continuase vivo y libre, aceptó. Hesíone pagó como precio simbólico un velo por la libertad de su hermano, cuyo nombre fue a partir de entonces Príamo: el soberano de Troya cuando se desencadenó la guerra.

(1) Poseidón en una escultura que adorna un monumento público.
(2) Odiseo en la cueva del cíclope Polifemo, hijo de Poseidón, en un cuadro de Jacob Jordaens, pintor barroco.
(3) Apolo de Belvedere, escultura de los Museos Vaticanos.

2 comentarios:

Sleipnir dijo...

Muy interesante tu blog; grcias por la información; yo tmabién soy un apasionado de la mitología y el Universo.

M@riel dijo...

Hola, Seleipnir:
Muchas gracias por tu comentario.