domingo, 15 de junio de 2008

Nix y Eris

Pasando revista a los descendientes directos de Caos, nos encontramos con Nix, una de las primeras hijas. De hecho, en algunos mitos previos y poemas, se la considera como anterior incluso a Caos, parte del origen mismo.

El culto a Nix estaba extendido por diversas zonas de Grecia, e incluso de Asia Menor. Además de eso, tiene una gran importancia en los muy misteriosos cultos órficos. Existen abundantes poemas de este tipo en los cuales se la describe como a una diosa provista de un par de alas negras (que se identifican como atributo), habitando el Averno durante el día, para, al anochecer, salir a extender su reinado.

Nix se une a su hermano Érebo, otro de los descendientes de Caos, y aparecen éter y Hémera. Sin embargo, en otras versiones, encontramos referencias a otros dioses engendrados por Nix sin que aparezca varón en la concepción: Momo (la Culpa), Filotes (el Cariño), Ceres (la Condena; no confundir con la Ceres de la mitología latina, que tiene equivalente en Deméter), Geras (la Vejez) y Apate (el Engaño).

Nix engendra en solitario a una diosa que no será muy amada por los humanos, cuyo simple nombre inspirará temor: Eris, la Discordia. Esta divinidad tiene como misión la de sembrar, efectivamente, la discordia entre los hombre. Pero es astuta y sutil. Nunca se muestra directamente ante los seres humanos, sino que los envenena haciendo que se sientan demasiado orgullosos de sí mismos, provocado que caigan en la prepotencia y en las ideas de superioridad. De este modo origina todo tipo de envidias y disputas entre las personas, y se crece en ello. Es una diosa de la la discordia, y esto se manifiesta en su propio aspecto. Además, se cree que influye en el interior de los hombres y es causa de tristezas e incluso de locura, además de todo tipo de malestares físicos. Encantadora, ¿no creen?


Eris es causa de uno de los episodios mitológicos que más páginas han hecho llenar, tanto a poetas como a estudiosos: la Guerra de Troya. Aunque (como en todo conflicto de importancia) hay todo un revuelo en torno a quién tiene la culpa de que se inicie (que si el seductor Paris, que si la complaciente Helena, que si el incauto Menelao, que si el inconsciente Príamo, que si la maquinadora Afrodita, que si el ambicioso Agamenón), en el origen último está Eris.

Eris, como creo que ya ha quedado sentado, no es una diosa muy agradable. Desde luego, no es la clase de invitado de una boda que alguien desearía, siempre y cuando quiera que la ceremonia vaya bien. Esto es lo que piensan Peleo y Tetis (padres de Aquiles) a la hora de organizar su matrimonio. Por ello, no incluyen a Eris en la lista de invitados. Y la diosa, por evidentes razones, se enfurece. Al banquete son invitados un gran número de divinidades. Cuando la festividad está ya muy animada, de repente cae sobre la mesa una manzana dorada (¿recuerdan aquello de la manzana de la discordia?) con una inscripción: "Para la más bella". Nada pasaría de no ser porque Hera, Atenea y Afrodita se abalanzan al mismo tiempo sobre la fruta. Pronto comienzan a discutir por ella, y el conflicto sube de tono. Ante el temor de que las diosas lleguen a las manos, los presentes les proponen que sea un mortal quien juzgue cuál de ellas es la más hermosa.


Pero, ¿qué mortal? Se deciden por Paris, un tierno príncipe adolescente que cría rebaños en el monte Ida, cerca de Troya (si recordamos a Ganimedes, debe de ser cosa de familia). El chico se asusta al ver aparecer a las tres divinidades acompañadas de Hermes. Hera, decidida a hacerse con la victoria, le promete poder y soberanía si le entrega a ella la manzana; Atenea se decide por ofrecerle sabiduría. Pero Afrodita vence al jurarle que le entregará el amor de la mujer más bella del mundo. Y esa mujer es Helena, legítima esposa del rey espartano Menelao.

(1) Cuadro de Willian Adolphe Bouguereau en el cual observamos a Nix.
(2) Cuadro de Luca Giordano en e
l que vemos la zona del Infierno con las almas de los difuntos llegando en la barca de Caronte; Nix aparece en la zona superior derecha.
(3) Cuadro de Peter Paul Rubens; en él, el joven Paris decide junto a Hermes cuál de las tres diosas (Hera, Atenea y Afrodita) es la merecedora de la manzana dorada.

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