sábado, 14 de junio de 2008

Las Erinias

Las Erinias proceden, como he señalado ya en un artículo interior, de la sangre caída de Urano cuando éste es castrado por su hijo Cronos. Su nombre tiene significado en griego: "las furiosas". Curiosamente, en la mitología romana son ya las Furias y hoy en día éste es un término muy conocido para designarlas. La mención de sus nombres inspira ya un cierto miedo: Alecto, significa Implacable; Megera, significa Envidia y Tisífone, que significa Venganza. Muy halagüeño, como pueden ver.

Estas tres hechiceras tenían una misión temible: vengar el mal cometido por los seres humanos. Son representadas en muchas ocasiones en compañía de serpientes (incluso en iconografía posterior, como la aparecida en grabados dantescos). Actúan con justicia, pero resultan crueles e implacables. Se arman con látigos y antorchas; hay que destacar que, además de perseguir a los malhechores, atormentan a los condenados en el Tártaro.

Las Erinias persiguen a los convictos de muy diversos crímenes (vinculados con la religión y la hospitalidad, por ejemplo) mas, en general, se dedican a atormentar a culpable de delitos de sangre, en especial los relacionados con la propia familia o el clan. Los acosan sin descanso, hasta hacerlos enloquecer.

Las Erinias tienen un papel destacado en una leyenda de gran importancia en la saga micénica. Recordemos que cuando Agamenón regresa de Troya con su nueva esclava y amante, Casandra (hija de Príamo y Hécuba), una Clitemnestra enfurecida tras el sacrificio de su hija Ifigenia y las infidelidades maritales, asesina a ambos con ayuda de su nuevo amante. Será su hijo Orestes quien vengue el crimen, matando a su propia madre. Pero esto es matricidio, un terrible delito de sangre, y las Erinias se lanzan a la persecución del joven. Todos los dioses, que consideran relativamente legítima la venganza tomada por Orestes, tratan de persuadirlas para que dejen tranquilo al chico. Las Furiosas no parecen dispuestas a aceptar, llegando a pedir "sangre por sangre" (una idea de la justicia que va desde el Código de Hammurabi hasta la mitología clásica, como puede verse) en el santuario de Apolo. Solo los dioses consiguen salvar la vida de Orestes, proponiendo que sea juzgado en el Areópago, el tribunal situado en Atenas, verdadera referencia en toda Grecia. La propia Atenea, la justa Atenea, termina por absolver a Orestes.


¡Y entonces sucede lo impensable! Las Erinias dejan de ser las Furiosas y se convierten en las Euménides, protectoras de las suplicantes, benévolas y definitivamente aplacadas. Pero... ¡ojo! Esta leyenda es discutida; el culto a las tres Euménides se da en algunos territorios y se identifica por paralelismos (como la figura de las tres hechiceras) como las Euménides. Sin embargo, la teoría que he expuesto largamente está recogida por Esquilo en "Las Euménides", una obra teatral que les recomiendo fervientemente. De igual modo, si quieren saber más en esta línea, "Electra", de Sófocles y "Orestes", de Eurípides, son de gran relevancia.

Una pequeña anécdota para culminar. Recientemente ha aparecido en el mercado literario un libro realmente interesante, todo un best-seller, titulado "Las benévolas", de Jonathan Littell (que también les recomiendo, especialmente si les gustan los asuntos de la II Guerra Mundial). En él, un oficial nazi nos muestra el Holocausto desde el prisma del verdugo, sin ningún asomo de arrepentimiento, las furias acosadoras completamente acalladas. ¿Les suena?

(1) Estatuilla clásica que representa a una de las Erinias.
(2) Cuadro de William Adolphe Bouguereau en el que vemos a Orestes atormentado por las Erinias tras el asesinato de su madre Clitemnestra (que aparece a su lado con un puñal hundido en el pecho).

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